miércoles, 6 de julio de 2011

57-. Una de modernos.


Lunes por la tarde. Desperté con la sensación de que quizá la castración química fuera lo mejor para mí. No porque sea incapaz de reprimir mis bajos impulsos, lo consigo un 99,9 periódico por ciento de las veces, sino porque, puede que si dejara de pensar con la polla, viviría mucho más tranquilo.

Y sobretodo, de un modo infinitamente menos ridículo y más saludable.

Mi hermana, en uno de sus repentinos ataques de lucidez, me llamó una tarde para decirme que yo no me enamoraba de las personas, que a mí lo que me ponía era el hecho de estar enamorado, que por eso siempre me buscaba historias imposibles, y que ese síndrome, según el libro que estaba leyendo, tenía un nombre.

Por supuesto, olvidé el nombre del síndrome, el título del libro y el autor tan rápido como pude.

Pues sí, es cierto. Si no tienes novio, no estás enamorada de otro, no dependes de ninguna substancia nociva y preferiblemente ilegal, no eres lesbiana, no vives a doscientos mil quilómetros de donde vivo yo o tu historial psiquiátrico no es más extenso que la guía telefónica de Madrid, es muy probable que no me fije en ti. O peor, puede que follemos un par de veces y que cuando nos veamos de nuevo no me acuerde de cómo te llamas.

O que seas incapaz de ponérmela dura una tercera vez.

En todo esto andaba pensando cuando desperté, mientras evaluaba la densidad de las estalactitas que el largo fin de semana había esculpido en mis fosas nasales, cuando recordé que, por una vez, había un evento al que, por extraño que parezca, me apetecía asistir. En unas tres horas, Sailor Jerry, una marca de ron bastante conocida en otros países, y que debe de estar buscando empezar a serlo aquí, nos invitaba a bloggers, criaturas habituales de la noche madrileña, y otros deshechos parecidos, a una barbacoa. En mi caso, a través de la comunidad blogger de Vice. Gracias, Nerea.

Conciertos dentro de una piscina, costillas, hamburguesas y perritos, barra libre de ron y más modernez por centímetro cuadrado que en un videoclip de The Zombie Kids. Sinceramente, no se me ocurrió plan mejor para olvidar a locas, lesbianas, yonkis y demás, aunque también era bastante probable que casi todas estuvieran allí.

Nos metieron a todos los modernos en autobuses, y nos soltaron en un chalet llamado Villa María, que estaba en algún punto entre Madrid y Colmenar, por lo que pude ver después. Los mismos rostros, la misma tinta encima de la misma piel, y las mismas frases de siempre, pero en un entorno distinto, en eso ya salíamos ganando respecto a cualquier noche en cualquier pista en las que pincho, bailo, me drogo o me emborracho.

O las cuatro a la vez.

Y la tarde mejoró de forma sustancial a medida que los grupos, perdón, las bandas, iban desfilando por la piscina vacía y equipada para la ocasión. Chiquita y Chatarra caldearon bien el ambiente, Los Chicos, a los que no conocía, se marcaron una brutalidad de concierto, con píldoras de garage eléctrico, micromonólogos bastante graciosos y descarga de extintor incluida, y los indispensables Los Coronas - no confundir con un grupo muy moña que se llaman The Coronas y de los que no os pienso poner enlace - remataron la noche en su onda: surf malasañero con mucha mala leche. Tocó otro banda, pero yo estaba demasiado ocupado masticando costillas de cerdo como para hacerle caso.

Por cierto, que el trompetista de Los Coronas se llama Yevgeni y es de Ucrania, verle tocar un pasodoble fue impagable.

Incluso hubo la necesaria anécdota trash para que la noche resultara redonda. Aqeel, el negro que canta con los zombies, lo habéis visto en el vídeo de arriba - y nótese que el término negro aquí no está usado como rasgo peyorativo, sino diferencial - decidió unilateralmente que ésa también iba a ser su noche de gloria, y se subió al escenario mientras tocaban Los Coronas, para soltar sus Yeahs! y esas cosas que suele hacer. La primera vez tuvo su gracia, pero repitió la operación dos veces más y terminó por apestar. La seguridad del evento intentó bajarle, pero supongo que las gafas de sol que llevaba no le debían dejar ver bien los escalones, porque allí se quedó, hasta que lo sacaron a rastras entre cinco. No sé, a mí no se me ocurriría subir al escenario del Zombie Club cuando está él rapeando, o haciendo eso que hace, que no sé yo lo que pensaría de ello Gill Scott-Heron, para quitarle el micro y empezar a soltar gritos goriloides. Debe ser que, a pesar de mis reiterados intentos por volverme cool de una vez por todas, todavía cojeo en modernez.

Es cierto que Keith Moon consiguió su puesto en The Who exactamente así, subiendo del foso al escenario, sacando a patadas al batería que tenían y poniéndose él a tocar. Pero ni Aqeel es Keith Moon, ni los coronas necesitan a un vocalista.

La organización nos devolvió sanos y salvos - bueno, a Aqeel no lo tengo tan claro - a Madrid, y como todavía era pronto, me fui al estudio con Koan y Rubén, que ni les conocéis ni falta que os hace, a intercambiar fracasos.

Me lo pasé bien, muy cierto. No me topé con ninguna de mis torturas actuales, aunque divisé a alguna muy futurible e incluso a alguna pasada y ya olvidada, o eso creía yo. Y el ron era demasiado dulce para mezclarlo, pero con un chorro de zumo de limón estaba rico.

La semana que viene hay una fiesta Brugal con los Zombies y tal, pero ni esto es el lecturas ni yo tengo tanto estómago.

Canción de la noche: Hacha de guerra, de Los Coronas, porque me hicieron bailar con una resaca considerable, y eso siempre es de agradecer. Por cierto, su grito: "¡Abuelo, el pasodoble es rock´n´roll!" va camino de convertirse en un clásico.

6 comentarios:

Liber dijo...

Hola!. Supongo que el nombre del síndromme al que se refería tu hermana partirá de alguna corriente de la psicología moderna deseosa de vender sus grandes teorías en cómodos libros de bolsillo de la sección de Autoayuda.
Aun así, si lo recuerdas, me gustaría saberlo para cotillear un poco el planteamiento que hacen del tema.
Hoy me siento especialmente identificada con ese puto síndrome y tengo un cabreo...
Quiero intentan escribir sobre ello, pero me da miedo no controlar la vomitona.
Saludos!

Anónimo dijo...

i guess moment of weakness can happen to anyone...sorry

ruidoperro dijo...

Liber: lo bueno en estos casos es precisamente no controlar la vomitona. En cuanto al síndrome, hablo con mi hermana y te o dejo en un comentario en tu blog. Encantado de volver a verte por aquí.

Anónimo: get yourself a shrink next time.

estela dijo...

Hay que ver qué distinta es tu vida de la mía...

Mercurius ter Maximus dijo...

Me gustó la canción de chiquita y chatarra, saludos.

Viuda Dehombrepez dijo...

¿En tu camino hacia lo cool te estás volviendo ligeramente hipster o es sólo mi impresión? me gusta de siempre lo que escribes incluso si lo hicieras sin el "patrocinio" de Vice.
Me hago mayor, Ruido querido, me hago mayor.