martes, 22 de marzo de 2011

53-. Uno así.

Salgo del banco y me encuentro con Enrique, que lleva a su hijo al colegio. Al peque le han rapado la cabeza y parece más travieso si cabe. ¡Como tú! Me dice. Pues sí. ¿Sabes dónde está la plaza de las tres fuentes? No tengo ni idea. Es que hoy vamos de excursión allí, me confiesa en plan secreto de estado. Está tan nervioso por el pequeño viaje que la sangre no le cabe en el cuerpo, y prácticamente tira de nosotros dos hasta llegar a la puerta de la escuela.

Quiero tener los mismos años que Mario, y que una excursión a una plaza de mi propia ciudad me parezca una aventura digna de Indiana Jones.

El encuentro con Enrique me viene de perlas. Mi ordenador ha fallecido después de una larga y azarosa vida, y él tiene uno de sobras, desde el que ahora escribo estas letras. Gracias, man. Al volver de su casa decido acortar por el Parque de la Cornisa. Allí están algunos de mis graffitis preferidos en esta ciudad, y hace mucho tiempo que no paso a verlos. Compruebo con cierto dolor que las dos caras han desaparecido debajo de pintadas más nuevas, pero descubro a cambio un par de piezas muy interesantes que no había visto.

Ese parque, junto con la plaza donde vivo y otros solares cercanos, ha estado a punto de ser engullido por una megalópolis ideada por los curas, dueños de casi todo el barrio. Quince mil metros cuadrados de zona verde de nada, borrados por una ciudad episcopal, por un absurdo e inútil monumento al reaccionarismo más amargo y a los lavados de cerebro. Afortunadamente, hace pocos días el tribunal superior de justicia les paró los pies. Supongo que no pueden ganar siempre los malos.

Una más. Este señor es Rouco Varela, presidente de la conferencia episcopal española, nuestro Richelieu particular. Éste otro es Paco Clavel, legendario artista del underground madrileño, especializado en transformismo, números de cabaret y otras variedades. Por aquí se dice que son hermanos, si no la misma persona. Sacad vosotros vuestras propias conclusiones. Da para una peli. O dos.

Al doblar la esquina de mi plaza veo a un cura que gesticula frente a dos obnubiladas feligresas de pelo lila. Cuando les rebaso escucho que les dice: "...Es como un humo negro que se te mete dentro...", ¿Estarían hablando de Lost? Os juro que es verídico.

Llego a casa y me entretengo un rato con Noisey, la última buena idea de los chicos de Vice. Una página donde bandas de todo el mundo demuestran lo que son capaces de hacer. Muy interesante, en serio, daros una vuelta por allí. Al poco, creo estar preparado para ocuparme de algo más productivo, pero es un espejismo. Demasiado tenso para sentarme al piano, demasiado disperso para continuar con la novela que tengo a medias, demasiado soñoliento para salir a correr.

Demasiado sería mi adverbio favorito, pereza, el sustantivo.

Puede haber llegado la primavera, pero yo tengo cuerpo y alma de otoño. Tengo cuerpo de Autumn sweater, de Don´t think twice, it's allright, de Fuzzy. Supongo que me he cansado de cuerpos anónimos y mañanas unipersonales, de sentirme culpable por follar con chicas que me aburren y no querer follar con las que no, de conversaciones vanas, de vanidad nocturna, de noches olvidables.

Supongo que lo único que he querido siempre es un perro, una casa llena de libros y alguien dentro para quien cocinar.

Canción de la tarde: Grace, de Jeff Buckley, porque probablemente sea la mejor canción jamás escrita sobre un beso, y porque, qué diablos, yo quiero un beso así.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=3yqM--IMkX4

ML dijo...

Brutal, qué diablos!