jueves, 7 de mayo de 2009

40-. Flores.

Bienvenidos. Mi ruido perro dice que no recuerda dónde diablos estaba la letra hache en el teclado.

 

Ahora. HHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH.

 

Llevo tantos días sin escribir aquí que todo lo ocurrido se amontona en el compartimiento estanco de mi cabeza que nutre a este blog. El blanco, el negro y el millón de diferentes gamas de gris por las que he pasado estos veintitantos días son ahora un magma ante el que me enfrento sin más herramientas que mis dos dedos índices.

 

Y siempre he sido un vago.

 

Y hay cosas que no quiero contar.

 

He decidido entonces, después de horas intentando ponerme de acuerdo conmigo mismo, que no es fácil, crear una cortina de humo, que a fin de cuentas es del mismo color que estos veintitantos días, tras la que ocultarme mientras los comentarios se van añadiendo al pie de esto que escribo, e intentar tras ello retomar el ritmo que llevaba antes de la tormenta.

 

Domingo al mediodía. Estoy de pie frente a la tumba de mi madre. No ha sido premeditado. Mi padre estaba preparando la comida y le he cogido el coche. Hace un día radiante. De hecho el sol está empezando a quemarme la nuca a pesar del refugio nuclear que es mi pelo. Supongo que me sentía culpable por no haber vuelto aquí desde el día del entierro. Supongo que soy estúpido.


De repente me doy cuenta de que no tengo nada que ofrecerle, no he traído una triste flor, ni ninguna de las piedras que eran suyas y guardo en mi casa, en Madrid, en mi altar de cosas bonitas. Me siento ridículo, observando una lápida sin foto, intentando sentir tristeza, intentando calcular cuánto tiempo debo permanecer en esta posición antes de dar media vuelta y meterme de nuevo en el coche.

 

De repente, veo en la tumba de al lado un bonito ramo de flores blancas. La tumba es de un niño que murió en 1897. La posibilidad cruza por mi mente un segundo, pero robarle las flores al muerto de alguien para ponérselas al mío es demasiado incluso para mí.

 

En lugar de eso, salgo del cementerio. La primavera ha hecho estallar de sangre los campos cercanos. Me meto en ellos y, con sumo cuidado, voy cortando las amapolas que salen a mi paso. Cinco minutos después tengo un pequeño ramo que ato con un trozo de cordón que he encontrado en el coche. Regreso al cementerio y meto el ramo en una de las argollas metálicas de la lápida. Permanezco de pie delante de la lápida unos minutos más. Después acaricio con mi dedo el nombre de mi madre y salgo de allí.

 

Mientras me meto en coche y regreso a casa no paro de preguntarme quién seguirá llevando flores a la tumba de un niño muerto hace ciento doce años.

 

Canción de la noche: Bubamara, de Goran Bregovic. Porque, por lo contado y también por lo omitido, ha vuelto esa extraña sensación como de vivir dentro de una película de Kusturica.


Djindji rindji Bubamaro cknije suzije ajde more goj romesa.

10 comentarios:

Pato dijo...

Alguien con un gran sentimiento de culpabilidad que ha sabido inculcarlo a su descendencia sigue llevando esas flores. Las amapolas son muy hermosas, Ruido, pero no te sientas culpable...
Ánimo.

Cloe dijo...

Esos aranques que no podemos explicarnos...
Yo también me quedé pensando en la tumba del niño.


Abrazo

la elfa dijo...

No te imaginas los sentimientos que has despertado en mi, me he visto reflejada en muchas de las escenas que compartes, aunque con importantes diferencias eso si. Animo.
Hache

PD mira que no encontrar la H...

eLkir dijo...

parafraseando a no recuerdo quien, tu ruido perro atrona con tal fuerza que no me deja oír lo que alegas en su contra. o algo así.

bien por no robar, bien por recoger.

Martín dijo...

...fuí a visitar a mi padre, hace muchos años. Está enterrado muy cerca de Madrid. Encontré el lugar como si ya hubiese estado ahí antes. Leí la inscripción y con lágrimas en los ojos pude la mano en contra el cristal. El viento empezó a soplar y a silbar. Después de unos minutos de estupefacción, decidí irme del lugar. Desde ese momento nunca fuí el mismo. Ahora traigo algo conmigo. No pesa, no duele, solo está aquí.

Chafan dijo...

Como si estuvieras hecho de tierra, así te sientes. Yo, de mi tierra hoy no traigo letras, te dejo una canción, te gustará. FIJO.

http://www.youtube.com/watch?index=14&playnext_from=PL&feature=PlayList&p=50C10A60435594EE&hl=es&v=PZZIneCw9ZY&playnext=1


¿A que altura de la Gran Vía tienes en tu cabeza cruzarnos?

Chafan dijo...

No sé si conseguiste verlo, aqui va un link más cortito:

http://www.youtube.com/watch?v=PZZIneCw9ZY

srta. Sinsentido dijo...

Me gustaria conocer la historia detrás del niño... y creo que también la que está detrás de la cortina.

Saludos!

Elisa dijo...

Roselles... Mai no es pot subestimar la petjada que pot deixar algú en aquest món, però és curiós, 112 anys és molt temps, sobretot per un nen...
Cuida't
Elisa

ruidoperro dijo...

Pato:

Supongo que la culpa venía con el pack cristiano, pero, por suerte, cada vez estoy más cerca de la apostasía.

Cloe:

Me imagino, fue algo realmente extraño de encontrar. Supongo que leído también sorprende lo suyo.

Hache:

Te juro que lo hice sin pensar, pero no te preocupes que ya no me olvido, entre la G y la J, entre la G y la J, entre la G y la J...

Elkir:

Bienvenido. Y gracias, supongo. :) Ya era hora que te sentaras a escribir, pardiez.

Martín:

Es exacto, yo no lo podría haber descrito mejor: no pesa, no duele, sólo está aquí. Brillante.

Chafán:

La vi, y me encantó. De hecho me la puse tres veces seguidas. Amenazo con responder de la misma forma el día menos pensado.


Srta. Sinsentido:

Desde luego, detrás de esa lápida hay una novela esperando para ser escrita. Detrás de la cortina no, sólo alguna que otra musaraña.

Elisa:

Sobretot perquè després de tot aquest temps tots els que el podien recordar ja deuen haver mort. Tu també.