miércoles, 4 de marzo de 2009

36-. Hornby sabrá perdonarme.


Bienvenidos. Mi ruido perro no termina de entender la regla del fuera de juego.

 

El primer recuerdo que tengo del Barça es, al mismo tiempo, el primer recuerdo que tengo de estar enfermo. Yo tenía seis años, era sábado por la noche y la gripe campaba a sus anchas por mi organismo. Una semana antes, el Barcelona había ganado 1 a 2 en el campo del Valladolid, gracias a un penalti detenido por Urruti a dos minutos del final, y se había proclamado campeón de liga. Ese sábado, exactamente el treinta de marzo de 1985, después del partido que enfrentaba al Barça con el Sporting de Gijón, estaban previstas las celebraciones por la conquista de dicho título.

 

Recuerdo que me despertó un ruido, y al abrir un ojo, difuminado por las brumas de la fiebre, vi a mi abuelo, mejillas encendidas, barriga prominente, sonrisa campechana, con una botella de cava recién descorchada en la mano. Pese a mi gripazo, juraría que mi abuelo me dejó dar un sorbo de su copa, y en ese caso, también fue el primero.

 

Esas navidades, los reyes magos me trajeron mi primera equipación blaugrana, marca Meyba. Recuerdo que, hasta que ese mismo día de reyes, que ese año caía en sábado, no vi a los jugadores saltar al campo vestidos como yo, no me creí que fuera la auténtica pese a los esfuerzos de mi padre por hacérmelo entender. Al día siguiente, mi madre me cosió el número cuatro a la espalda, como el de Julio Alberto, mi primer ídolo.

 

Cinco meses después aprendí que los mayores no siempre dicen la verdad. Era el día antes de mi octavo cumpleaños, y el Barça jugaba en Sevilla su segunda final de la copa de Europa. Absolutamente TODOS los hombres adultos de mi familia me habían asegurado que no podíamos perder. Enfrente teníamos a un equipo desconocido, un tal Steaua de Bucarest, de Rumanía, un país de tebeo, pensaba yo, presidido por el Conde Drácula.

 

No recuerdo nada del partido, pero por lo visto fue muy malo y terminó sin goles. La tanda de penalties posterior la recuerdo perfectamente, porque es la única vez que he visto en mi vida a un portero parar cuatro lanzamientos seguidos. Un tal Ducadam detuvo los tiros de Alexanko, Pedraza, Pichi Alonso y Marcos, y nos robó una copa que yo creía nuestra por decreto. Esa noche me acosté entre las primeras lágrimas futbolísticas de mi vida, abandonando mi cena en la mesa, y tanto mi padre como mi madre tuvieron que venir en distintos momentos a consolarme.

 

Al fin de semana siguiente, completamente restablecido del disgusto, no paré hasta que mis padres me dejaron recibir a los invitados a mi octava fiesta de cumpleaños vestido con la equipación que me habían traído los reyes.  

 

El catorce de mayo de 1994 yo era un adolescente repleto de hormonas que celebraba de nuevo su cumpleaños. Hacía pocos días que había cumplido quince, y mis padres, en un acto que rebosaba confianza, desaparecieron del piso en el que vivíamos a primera hora de la tarde y prometieron no volver hasta medianoche. Yo había estado todo el E.G.B. profundamente enamorado de Miriam, una niña de ojos azules y pelo rubio, a la que a veces aún veo, convertida en mujer, cuando regreso a mi pueblo. Ese día vino con su prima.

 

La fiesta no tuvo nada de especial, o tuvo todo lo especial de ese tipo de fiestas. Bailamos canciones lentas y rápidas, bebimos cerveza – algo que mis padres me habían prohibido ex profeso – y, a instancias de mis amigos, en un momento puse en el vídeo una película porno que no recuerdo de donde salió. No sé qué esperábamos que ocurriera, pero lo único que conseguimos fue un amplio muestrario de muecas de asco, cortesía de todas las chicas presentes.

 

A las nueve pusimos el Depor – Valencia. El Barça iba segundo, detrás del Depor, que si ganaba esa noche salía campeón. A un minuto del final del partido, con 0 a 0 en el marcador, el árbitro pitó un penalty a favor del Depor. Todos enmudecimos. Bebeto, la estrella del Depor, se acojonó como un niño en el dentista, y Djukic, un buen defensa central del equipo gallego que pasó injustamente a la posteridad por ese momento, agarró el balón y lo plantó en el césped. Después resopló, cogió carrerilla y chutó flojo y al cuerpo de González, el portero del Valencia. Todos, incluidos Miriam y yo, explotamos de júbilo y empezamos a saltar y a abrazarnos como si nuestras vidas dependieran de esa parada. Al día siguiente, el Barça le ganó 5 a 2 al Sevilla y se proclamó campeón.

 

Ese abrazo, sucedido en el peor momento de la vida del pobre Miroslav Djukic, fue el contacto más estrecho que conseguí con el cuerpo de Miriam, aprendido de memoria tras recorrerlo tantas veces con mi imaginación en la soledad de mi cama.     

 

Dos años antes habíamos ganado nuestra primera Champions. Sucedió el 20 de mayo de 1992, en el estadio de Wembley, Londres. Esta vez, no hizo falta que nadie me asegurara que no podíamos perder, yo lo sabía de sobra. Jugábamos contra la Sampdoria, un equipo al que ya habíamos ganado en la final de la recopa tres años antes, y además, a mí me la debían todos desde la final de Sevilla, Conde Drácula incluido. Dudo que haya un culé que no tenga clavado en sus retinas el minuto 111 de partido, la imagen de Koeman corriendo hacia el balón después de que Stoichkov lo tocara suavemente y Bakero lo parara, mientras Vialli, la estrella rival, se tapaba el rostro con una toalla desde el banquillo para no verlo.

 

De esa champions, más que el del gol de Koeman, mi recuerdo más nítido es el del gol de Bakero en Kaiserslautern. Fue el 6 de marzo de 1991. Yo tenía doce años. El Barça se jugaba el pase a los cuartos de final. Habíamos ganado 2 a 0 en Barcelona, pero el partido de vuelta fue nefasto, y los alemanes ganaban 3 a 0. En el último minuto, Koeman, cómo no, colgó la pelota hacia el área rival a la desesperada y, de repente, Bakero saltó entre dos alemanes que le sacaban tres palmos y remató a gol. Yo debía estar estudiando, o haciendo los deberes, porque recuerdo un montón de folios volando por el salón y mi padre y yo saltando abrazados. Segundos después nos fuimos corriendo sin dejar de gritar hacia la habitación donde dormía mi madre para hacerla partícipe de un momento tan importante en la historia de la humanidad. La pobre mujer nos miró como debieron mirar los científicos de la Nasa al marciano de Roswell, nos preguntó si nos habíamos vuelto locos y nos echó como pudo de la habitación.

 

Hablando de mi madre, la segunda Champions que ganó el Barça, la de Saint Denis, para mí siempre tendrá un regusto amargo. A mi madre le habían detectado el cáncer que terminaría matándola tan sólo una semana antes. Aún no sabíamos qué iba a pasar. A pesar de la expulsión de Lehmann, el Arsenal se avanzó con un gol de Campbell, y el Barça parecía nervioso, sin ideas. En el descanso lo daba todo por perdido, pero en la segunda parte, en tan sólo cuatro minutos, Eto’o empató y Belletti, en una jugada llena de surrealismo, le dio la vuelta al marcador. Cuando el partido terminó, mientras salía a emborracharme, le mandé un mensaje a mi padre por el móvil, diciéndole que ése era un ejemplo de que a veces hay cosas que empiezan mal y terminan bien. Durante un tiempo nos lo creímos.

 

El sábado pasado fui al Calderón. No veía un partido del Barça en directo desde hacía diecisiete años. Y perdimos, sí, de mala manera además, y llegué a casa mustio y sin apetito, y el mal humor me duró hasta bien entrado el lunes. Pero mientras estaba en el campo, las porciones de mi vida ligadas a algo tan estúpido como veintidós tipos persiguiendo un balón – Borges se preguntaba con razón por qué no le daban uno a cada jugador – desfilaron detrás de mis ojos, entre mis orejas. Algunos los tenía muy presentes, otros no tanto, y por eso decidí rescatarlos aquí.

 

Me quedan muchos en el tintero, las dos ligas de Tenerife, el gol de Messi al Getafe, la final de Atenas, Roberto abandonando la concentración del equipo en holanda para fichar por el Valencia, Alexanko acusado de violación, la muerte de Urruti, los goles de Ronaldinho en el Bernabéu, la entrada de Goikoetxea a Maradona… y estoy convencido de que, con un poco de esfuerzo podría, como hizo Nick Hornby en Fever Pitch, asociar un momento importante de mi vida a todos esos recuerdos. Pero esto no es un libro, y, sobretodo, yo no soy Hornby.

 

Canción de la noche: Hoy puede ser un gran día, de Joan Manel Serrat. Porque me encanta, porque Serrat es del Barça, y porque la secuencia del partido de fútbol de Smoking Room, con este tema de fondo, es memorable.

15 comentarios:

Chafan dijo...

Molt be, molt be!!!

A mí el gusto por el fútbol (club barcelona es el que más tiene) me viene de cuando no me enteraba ni del nodo pero todo dios portaba una cartera de esas de "júntalo que se pega y ese es su cierre" con el escudo del madrí. Todo dios. Yo no tenía ni cartera ni mucho menos del madrí ni dinero que meter dentro pero escuché a uno (ahora, esperando juicio con pena de cárcel) decir que un tal bakero era un gitano. Esa noche resultaba que el fútbol club barcelona había metido cinco golitos en la castellana y me dio la risa. Poco después o entremedias asocié el domingo con Romario, todos los domingos caía alguno o dos y aprendí lo que es la clase viendo a laudrup y que los chupachups son buenos para dejar de fumar a falta de pipas... Supe que aquello era bueno.

Si por poco me caigo tribuna abajo (carnet prestado) viendo en directo en el Nou Camp un gol de vaselina de un messi de 10min en la era rijkaard. Se lo anularon por yo no sé qué pero no tardó más de unos minutos en meter un gol prácticamente igual que el anulado. Creo que fue contra el albacete. Fue el día que salí en la tele y me hice importante porque nos presentamos con un pedazo de bandera para andresito, que ya dejó atrás a laudrup hace años.

Y yo, por mi parte, relaciono a kappa con las tardes de mis primeros porros, es algo automático.

Bueno, los comentarios están para publicarlos, no sigo porque me paso aquí la tarde comentando...

Abraçada quedo.

Anónimo dijo...

VISCA EL BARÇA!

Pi dijo...

Me acabo de desatrasar de tus post desde el momento dj, y chico, qué guay tus optimismos. Jo, hasta escribes sobre fútbol. En fin.
Sabes qué me pasó el viernes pasado? Creo que me crucé contigo, y si eras tú, te miré a los ojos y pensé "yo creo que es Ruido, pero dada la hora tal vez no, porque ahora es dj". Una, qeu como buena madre tiende a organizarle la vida a los demás.
Era en un bar de tu barrio que hace esquina, que no recuerdo su nombre, donde hay butaquitas setenteras y cuadros de clicks protagonizando V que me habría llevado tan ricamente para el cuarto de nicolás. Yo creo que eras tú.
Jane Says, cómo mola.

lolita dijo...

Más allá del fútbol... es increíble cómo la memoria guarda pequeños destellos de la infancia... Todo se recuerda con cierto sabor agridulce... Al menos así te leo yo...

Suerte...

Y aunque suelo ser una persona muy pesimista, es bueno que tu ánimo siga en pie...

Emmaskarada dijo...

Hola Ruido, como siempre me dejas desasosegada con tus asociaciones de fiebres, sabores y tristezas. Tu no eres Hornby, menos mal. A mi no me gusta Hornby. Tu puedes ser mejor.

NoSurrender dijo...

Bueno, yo el Nou Camp sólo lo he pisado para ver tocar a Bruce Springsteen. Me pasa exactamente igual con el Bernabeu: sólo he estado dentro en un concierto del Boss.

En cambio, en el Calderón, he visto a los Stones.

:)

ruidoperro dijo...

Chafan:

Desde hoy declaro públicamente mi envidia hacia ti por haber presenciado en directo el primer gol oficial de Messi con la camiseta del Barça, que lo sepas. Me acuerdo perfectamente de ese partido.

Y sí, Andresito va camino de hacernos olvidar a Laudrup.

Anónimo:

Por supuesto. El tuyo es el primer comentario anónimo en este blog que me pone de buen humor.

Pi:

¿Lo dices en serio? ¿Cómo se llamaba el garito? ¿María Pandora? Me hubiera hecho mucha ilusión, la próxima vez, si la hay, hazme el favor de venir a decirme que eres la ideóloga de la piscina.

Lolita:

El fútbol al final es una excusa más, para recordar, para quedar con los amigos, para poder hablar en el ascensor... No tiene más importancia que esa. Y sí, los recuerdos suelen teñirse de agridulce. En mi caso, casi siempre por culpa de la nostalgia.

Emma:

Muchas gracias, pero te has pasado. A mí sí me gusta Hornby, sobretodo Alta Fidelidad y En Picado, pero es un escritor machista a veces, y se nota mucho que escribe mayoritariamente para hombres, entiendo que no te guste.

No Surrender:

Menudo currículum para ser un reptil. Si es el concierto de Springsteen que creo está considerado uno de los mejores, creo que toco una hora más de lo normal de lo bien que se lo estaba pasando. Y del de los Rolling qué voy a decir, que mis meñiques poca utilidad reciben, y los hubiera dado gustosos por verles en las buenas épocas.

Yo en el Camp Nou vi a Tina Turner, pero no lo recuerdo como un buen concierto.

Pi dijo...

Anti Café, puede ser? Si eras tú, estabas con un chico. Y eras tú. La piscina, a ver si sale del sopor del invierno y le quitamos las algas.

jopapa dijo...

Estic quedant acollonit amb el teu blog per lo bo que es , en quant als enllaços , la música que per cert ja saps que m'agrada molt , i amb el teu perfil on veig que ja quasi dec ser com un dinosauri , no conec la majoria dels teus grups preferits i per descomptat dels llibres , així com les pelicules on practicament no ni ha gaires exits comercials.
Felicitats

jopapa dijo...

Per cert crec que havies dit que els comentaris eren privats pero veig que puc llegir els comentaris anteriors i les teves respostes ????

Com veus ja només faltava aixó per ser més noctàmbul.

El significat de les paraules "dije" es troba en algún lloc o com es poden identificar ?????

Bueno tan sols he entrat al comentari 36 i ja m'he enrollat de mala manera i els comentaris que he fet no tenen res a veura amb ell.

De totes maneres aquest cap de setmana ha tingut un guió quasi perfecte ,llastima de l'arbrit que no ha pitat el fora de joc de Huntelaar.

Una abraçada.traph

srta. Sinsentido dijo...

Que bien que tengas un interés así de constante y que te haya acompañado desde hace tanto,eso es algo que mi poco interés futbolero no me permite tener (pero si apreciar)...

Saludos!

jopapa dijo...

Un cop recuperat de l'emprenyada d'ahir , per culpa de tots els que porten brillantina al cap , i un cop acabat brillantment el repte d'avui per seguir demostrant que som els millors de llarg m'he proposat acabar els deures que m'he imposat.

Avui dia 15 quan m'hi he posat i ara ja dia 16 a les 05:17:22 ja els he acabat , es a dir ja estic al dia en el teu cada cop més brillant mon , que ens fas viure entrada rera entrada i que fa que esperem ansiosos la propera.

A vegades les situacions son contraposades i tal com va dir Moshe Dayan "Si vols fer la pau , no parlis amb els teus amics , parla amb els teus enemics" i ho hem d'acceptar.

Dita: Casa humida , el metge crida

Una abraçada

Nayra dijo...

Creo que sabes que detesto el fútbol y que no me interesa lo más mínimo. Es curioso. Ese 14 de mayo yo cumplía 13 años y era del Barça. Vi ese partido en casa de los que años después se convertirían en tus primos políticos. Recuerdo que salimos a celebrarlo en el golf blanco de mi madre. Mer y yo nos alegrábamos, Pablo estaba de morros y con los brazos cruzados. Qué cosas.

Un beso.

Anónimo dijo...

Sé que no le importará a nadie, porque no importa lo más mínimo, pero sólo queria rectificar un dato. El Barça ganó 5 a 2 al Sevilla el mismo dia que el Depor perdia la liga por un penalty en el último segundo. Es lo que tiene el futbol. Cuando dos equipos se disputan la liga en la última jornada juegan a la misma hora. En serio, soy un tocahuevos, pero me gusta rectificar a Jordi. El escribe muy bien, pero yo tengo memoria. Aunque, para acordarme de estas cosas, de qué me servirá?

PD: mi primer recuerdo de futbol fue el gol de Maradona a los ingleses en Mexico 86. El de la mano no, el otro. Supongo que esto tendrá la culpa de que me guste el futbol...

ruidoperro dijo...

¿Litus?