miércoles, 4 de febrero de 2009

32-. Efecto martini.


Bienvenidos. Mi ruido perro dice que acaba de ver un batiscafo por la ventana, pero creo que él también anda un poco narcótico.


Cuando un submarinista desciende demasiado o demasiado rápido en su inmersión, el nitrógeno presente en las bombonas que carga a la espalda penetra en las células nerviosas cerebrales, impidiendo la correcta comunicación entre las neuronas. Ese síndrome recibe el nombre de narcosis hidrogénica, o, en la calle, efecto martini o borrachera de las profundidades.


Los síntomas son parecidos a los de una borrachera convencional, con el problema añadido de que esta vez es debajo del agua. Hay casos documentados de buzos que se han quitado la mascarilla y han seguido con la inmersión a pulmón libre. Otros han intentado compartir su oxígeno con los peces, animalitos, e incluso algunos han muerto ahogados por culpa de un ataque de risa.


Andaba releyendo el blog, algo bastante estúpido puesto que lo escribo yo, y me he dado cuenta de que quizá las últimas entradas han descendido demasiado rápido hacia mis recovecos más profundos, y, sinceramente, no me da la gana de cargar con vuestras muertes porque el efecto martini os provoque un ataque de risa y os ahoguéis, así que he decidido escribir algo banal y estúpido, una anécdota verídica pero surrealista y ridícula a la vez, que os haga ascender unos metros en vuestra inmersión, y así la densidad del hidrógeno en vuestro cuerpo no os mate, aunque algunos os lo merezcáis. De nada.


Una vez, Loles León me pegó tal golpe de teta en la cabeza que casi me deja inconsciente.


Era en una entrega de premios en la Joy Eslava, creo que eran unos Tps de oro o similar. Laura, yo y alguien más estábamos sentados alrededor de una de las muchas mesas que habían colocado en la diminuta pista de baile para la ocasión. Eran mesas circulares y bajas, como las que solía haber antes en algunos locales nocturnos poco recomendables y en los programas de José Luis Moreno, y, en consecuencia, los taburetes dispuestos alrededor de las mesas también eran muy bajos. Con deciros que yo, que jamás he sido alto y no creo que lo llegue a ser, me sentía como se debe sentir Gasol – Pau o Marc, qué más da – sentado en un cine. Por si no hubiera bastante con lo recién escrito, había decenas de mesas, lo que dificultaba sobremanera la libre circulación por el firme. Esa noche, más de un escote y una espalda quedaron bañados de gintonic.


De repente, noté un golpe en la nuca. De hecho, no fue sólo un golpe, fue una de las sensaciones más extrañas que he experimentado en mi vida. El objeto con el que había sido golpeado era blando y contundente a la vez, como si me hubieran dado con una pecera hecha de gomaespuma y rellena de agua. Por si os lo estáis preguntado… sí, dolió.


Me di la vuelta con el mal humor que me caracteriza recién despertado, dispuesto a, por lo menos, obligar a mi agresor a sentirse un poco culpable, y poco más que me quedé amorrado a un par de tetas superlativas, embutidas en un tejido oscuro, debajo del que, pese a los esfuerzos de su dueña, se adivinaban dos pezones como canicas.


Poco a poco, retrocedí unos centímetros que resultaron valiosísimos para mi kinosfera, y, al mismo tiempo, levanté la vista de ese paraje amenazador y la dirigí unos centímetros más arriba, donde me encontré con los ojos de Loles León.


Holaaaaaaaaaaaaaaa, dijo con una voz que se me antojó melosa en exceso y estudiada mil veces delante de la luna de un armario. Yo, todavía aturdido, balbuceé un hola como pude y me parapeté detrás de mi gintonic hasta que pasara la tormenta, que fue pronto. Años después, no puedo acordarme de esa escena sin pensar en Úrsula, la sepia malvada de La Sirenita, mientras me pregunto si la señora León me golpeó con su potente seno izquierdo queriendo o sin querer.


Por lo demás, el domingo me acosté otra vez a la hora que las beatas van a misa – llegará el día en que me decida y las acompañe a ver al tío cuervo – y hasta hoy he conseguido no pensar demasiado en mi madre, la muerte, la vida, mi futuro, crecer y este tipo de cosas.


Canción de la noche: Army, de Ben Folds, porque la música de este tipo siempre me hace reír, y esto iba de reírse para no morir de risa, o algo por el estilo.


Buenas noches.

6 comentarios:

la elfa dijo...

De verdad hay submarinistas que mueren de risa? lo que me faltaba por oir, ahora que por fin habia decidido ser valiente, olvidar mi claustrofobia, y sacarme el padi...
Me gusta el nuevo look de tu blog, y la foto. Lo siento por tus colegas, pero tus perros son mas guapos =)

Pato dijo...

Aja, ja, ja!!
Me gusta mucho la foto.
Y en inglés los síntomas se llaman The Bends, como el álbum de Radiohead... pero esto ya lo sabías.
Fue queriendo, seguro.

pelao dijo...

muy bueno...a mi me paso lo mismo con las "boyas" clarividentes de la yola berrocal...no se como pude sobrevivir! supongo que como tu, paraperreandome tras un glorioso gin-tonic! por cierto, genial el mix de musica por estos lares...salud.

ruidoperro dijo...

elfa:

Jamás he estado con un submarinista al que le haya ocurrido, pero por lo visto es algo con lo que hay tener mucho cuidado, aunque sólo ocurre a partir de los veinte metros de profundidad.
Gracias, no sé si mis colegas, que leen este blog, quedarán muy contentos con lo que has dicho :)

Pato:

Lo sabía, sí, pero estaría bien saber de qué eran esos síntomas. Tú que tuviste línea directa con Mr. Yorke no lo sabrás, ¿Verdad?

Pelao:

Amigo, me veo con la obligación de reconocer que tú estuviste mucho más cerca de la muerte que yo. ¿Alguna secuela por culpa de tan terrorífica experiencia? ¿Funcionó la terapia posterior lo suficiente como para querer compartirla con nosotros? Gracias por lo de la música, la verdad es que me encanta quedarme embobado pensando en qué canción suena cuando la gente lee lo que escribo.

pelao dijo...

ja! secuelas no, pero ahora cada vez que me adentro en el mar pienso que la vida es mucho mas corta de lo que parece...la terapia del gintonic SIEMPRE funciona!...por cierto, donde pinchas los findes?es que me ha comentado una señora fea, gorda y vieja que hay un chaval muy bueno por malasaña....harks! ahora suenan holyfuck, me gusta el tema! me recuerda un poco a varios temas del nuevo de the verve, que me ha sorprendido...salud.

jopapa dijo...

M'agrada molt el blog no sabria dir si la radio perruna el fa més profund del que ja es l'escrit en sí els enllaços son espectaculars , l'estil es seré , la cultura musical increible , llastima que on punxes sigui tant lluny sino em faria adicte als gin-tonics per anar coneixent més aquesta faceta.

M'hauré de contentar amb el blog esperant impacient els nous "ruidos perrunos" m'he ben enganxat , no es broma ni faig pilota per l'escudella.

Dita: Un bon parell de mamelles fa marevelles

Una abraçada