martes, 27 de enero de 2009

31-. One way ticket.


Bienvenidos. Mi ruido perro lleva horas intentándose arrancar las canas frente al espejo.


Ayer vi una ardilla. Estábamos en casa de Joaquín – en la misma casa donde Aitana me engañó acerca de la muerte de su perro esperando a que llegara la hora de comer, cuando Laura me llamó desde uno de los ventanales con la misma sonrisa que debió lucir de niña colgada del rostro. Mira, dijo, y señaló al exterior.


La ardilla había descendido desde una encina cercana, y estaba erguida sobre sus dos patas posteriores, mirando a su alrededor, ajena a los dos espías que contemplaban boquiabiertos lo que para ella debía ser simple rutina. Cuando hubo encontrado lo que buscaba – una bellota grande como una uva –  recorrió los metros que la separaban de la bellota con una agilidad pasmosa, casi sin tocar el suelo, se la introdujo en la boca como pudo y, sujetando el premio con sus incisivos, volvió a trepar por la encina hasta alcanzar un tejado vecino.


Intenté contemplarla con toda la intensidad posible el medio minuto corto que duró la función, en silencio, como si las visiones se pudieran saborear, para que dicha visión creara un recuerdo indeleble en mi memoria. La ardilla era mucho más grande de lo que me podría haber imaginado, su pelaje presentaba un sorprendente tono rojizo, y su cola, casi tan larga como su cuerpo, se antojaba frondosa y suave al tacto. A pesar de la distancia a la que la estábamos contemplando extasiados, pude apreciar el destello astuto de sus pequeños ojos, y unas uñas largas y delgadas.


Era la primera ardilla salvaje que veía en mi vida.


Antes de ese momento sólo había visto a esos animales en algún documental, o a sus primos exóticos en las pocas veces que, casi siempre en contra de mi voluntad, he paseado por un zoológico. Además, soy de una tierra donde es mucho más fácil tropezar con una tintorera muerta mientras paseas por la orilla del mar que ver a una ardilla saltando de rama en rama en un bosque.


Me senté a la mesa todavía con el animal en las retinas, y el dato de que había tardado casi treinta años de mi vida en ver a una ardilla salvaje me golpeó en la nuca antes de que Joaquín sirviera el primer plato. Enseguida me perdí en mis acostumbradas elucubraciones, mientras el arroz se enfriaba bajo mi nariz.


Si mi ritmo de avistamiento de ardillas siguiera la progresión aventurada hasta el momento, necesitaría noventa años para ver tres ardillas salvajes. La esperanza de vida en España es de ochenta y siete años para las mujeres, y ochenta y tres en el caso de los hombres. Este dato implica que llegar a los noventa es, cuando menos, complicado.


Si yo me muriera poco después de avistar mi segunda ardilla, es decir, a los sesenta años – algo muy factible, pues a pesar de que soy prácticamente vegetariano y hago ejercicio con regularidad, también luzco algunos vicios poco saludables y mis antecedentes familiares no invitan a ser demasiado optimistas – significaría que ya he consumido la mitad de mi vida.


De hecho, compruebo con una mezcla de asombro y miedo, que ya he vivido el 54,7 por ciento del total de los años que vivió mi madre, y os juro que vuelvo la vista atrás y lo vivido me parece un puto suspiro.


En un parpadeo, he pasado de pasear por el puerto de mi pueblo con una mano en la mano de mi bisabuela a que me retiren cuatro puntos del permiso de conducir por circular ebrio, de mirar embelesado como mi hermana dormía en su cuna a comprarme un traje para su boda, de sentarme en el regazo de mi madre a intentar olvidar su entierro.


Y lo peor de todo – o lo mejor, según se mire – es que sigo alimentando muchos de los sueños que ya tenía cuando las primeras partes de las tres frases compuestas anteriores todavía estaban vigentes, y si los sigo alimentando es porque, una vez gastada la mitad del tiempo que me ha sido otorgado para deambular por este mundo, todavía no se han cumplido.


La vida es una broma pesada, y crecer es el autógrafo dedicado del bromista.


Je.


Canción de la noche: Time has told me, de Nick Drake. Porque esta noche me siento como si este genio insomne, deprimido y presunto suicida, hubiera escrito la letra de esta joya pensando en mí. 

14 comentarios:

Chafan dijo...

¿algo que decir? pues, un par de cositas.

"una bellota grande como una uva", haz el favor!! una bellota del tamaño de una uva, por grande que sea esa uva, sería poco más que una bellota media.

Por otra parte, no sé con qué ostias animarte si resulta que el otro día me percaté QUE POR PRIMERA VEZ EN TODA MI VIDA estoy más cerca de los 35 que de los 20. Me pongo malísima.

Supongo que, siendo conscientes que el tiempo apremia, será la forma de disfrutar más del momento o yo que sé, espero que así sea porque de lo contrario te quedas (tú,yo,él) en lo alto de la cuerda que ni para arriba ni para abajo... o quién sabe, quizás en tu próxima vida (con lo que llevamos de ésta pienso que necesitamos cuatro o cinco) te ponga dios ahí de ardilla hasta que te tupas. :-)

Pi dijo...

Es inevitable quedarme con u nudo en la garganta cuando leo ciertos párrafos tuyos. Ay, Ruido...
Sin emabrgo me has hecho pensar en otra cosa, la de darse cuenta, con los años, que te has tirado media vida viendo algo que para los demás es tan tremendamente exótico como tu ardilla salvaje. A mí me pasó cuando mi ex volvió flipado de Estados Unidos porque había visto un montón de luciérnagas, y cuando conoció un colibrí fuera de la tele. Luciérnagas, colibríes (?), ardillas salvajes... qué cosa, y toda la vida por delante.
un beso

NoSurrender dijo...

Tiene una gran profundidad todo lo que has escrito, espero que lo sepas.

Sigamos buscando el tiempo perdido. No lo encotraremos, pero nos hará sentir vivos.

Un saludo.

Elisa dijo...

Lliçó: gaudeix del moment una miqueta més cada dia!
El meu pare, persona amb qui no m'hi entenc gens i ens comuniquem a crits i insults, sempre diu una cosa que és molt intel·ligent, crec: "La vida és una merda, però hi hem de posar sucre per empassar-nos-la millor".
En fi, la vida s'escapa, però és l'únic que tenim.
Ptns i ànims

PS: però que no haguessis vist mai un esquirol no m deixa de sorprendre, quan baixis a Barcelona ja t duré al laberint d'horta i al parc que hi ha darrere!!!

emma dijo...

La vida es una mierda, siempre lo digo, bueno, no siempre lo digo, lo digo ahora que me hago mayor y lo he comprendido.
Tanto esfuerzo para mantenernos vivos!
Y amo la vida.
Pero solo en vacaciones.

pelao dijo...

a mi me costo ver a la "ardilla fantasma" del parque del retiro, pero un dia tuve suerte....
que importan los años, si el tiempo se deshace en infinitesimulacridad?
ah, nick drake....temazo!
salud.

Martín dijo...

...Y eso que no vives por aquí¡ ...Mr. drake, ...debería venir con instrucciones de uso. A veces se me pasa la mano.

la elfa dijo...

De los post tuyos que he leido, sin duda este es uno de mis favoritos. Disfruto mucho leyendote, gracias!

Eclipse dijo...

en mis tierras no existen las ardillas, así que si me quedara, ni siquiera podría seguir tu razonamiento.
pero como la vida es, claro que sí!, una broma pesada, vi una ardilla en Michigan, en el campus de la Universidad de Michigan, hace unos 5 años. Fue un completo espectáculo, con foto y todo. Así que vivo en un lugar donde no existe la nieve ni las ardillas y tardé solo 16 años en ver una...
es curioso esto...

Diana dijo...

Bonita canción.

Un saludo.

Jordim dijo...

qué grande es Nick Drake..

ruidoperro dijo...

Chafán:

A ver, no todas las uvas tienen el mismo tamaño, y yo me refería a una uva grande (como es obvio). Por otro lado, hablarte a ti de bellotas son ganas de no tener razón, así que mejor lo dejamos, je.

"Hasta que te tupas". Me ha encantado, sí. Disfrutemos de lo que queda, será mejor.

Pi:

Lo de las luciérnagas lo controlo un poco más. cuando era pequeño solía hacer aquello de meter unas cuantas en un tarro e intentar leer de noche, pero nunca alumbraban lo suficiente. Ahora, el día que vea un colibrí te juro que la reacción será parecida a la que provocó la ardilla.

No surrender:

Muchas gracias, sobretodo viniendo de ti. Y sí, esa búsqueda es lo que nos queda, así que...

Elisa:

la Maruja Torres tenia una cita semblant a la del teu pare, deu ser que els anys ens tornen savis. Queda pendent aquesta excursió per a avistar esquirols quan baixi a Barna.

Emma:

A mí me pasa algo parecido, aunque hay días vacacionales horribles y días laborales fantásticos. ¿Qué lío no?


Pelao:

Cuántos días sin verte por aquí, bienvenido. ¿Hay una ardilla fantasma en el retiro? ¿Cómo es eso?

Martín:

Drake y unos cuantos más: Jeff Buckley, Elliot Smith, Slint, Tori Amos, Spiritualized, Elbow... y paro que me embalo.

Elfa:

Muchas Gracias. A mí también me ha gustado mucho tu reflexión sobre los ascensores, pero no he tenido tiempo de comentar. A ver si luego...

Eclipse:

Es curioso, sí, y me da cierta envidia (sana), para qué negarlo.

Diana:

Celebro que te guste.

Jordim:

Sí, lástima que se fuera tan pronto. ¿Te lo imaginas haciendo música con la tecnología actual?

pelao dijo...

me pongo al dia rapido...lo de "fantasma" es por la escasez actual, cuando recuerdo que en mi infancia se veian con bastante frecuencia...salud.

jopapa dijo...

Un any de vacances que vam anar a Ordesa on varem fer varies excusions amb els veins de davant del camping (L'Alfons i el seu jeep) varem veure un esquirol corrent per sobre la valla de fusta del tancat que hi havia davant del parador , amb lo que la memoria a cops ens falla , les estadistiques son per trencar-les i les onades venen una darrera l'altra siguin grans o petites al igual que els dies.

Dita: Qui dies pasa anys empeny

Una abraçada