miércoles, 21 de enero de 2009

30-. Destierro (o café con leche en vaso).



Bienvenidos, mi ruido perro ha robado una lata de boquerones de la barra, y se la está comiendo en la calle.


Estoy sentado en una mesa del bar que hay debajo de mi casa mientras escribo esto. Nunca lo había hecho antes. Siempre pensé que escribir en un bar me distraería, y eso es exactamente lo que está pasando.


Ayer por la tarde me llamó un tipo preguntando por mi madre. En inglés. Me quedé tan sorprendido que me costó mucho encontrar el idioma dentro de mi cabeza para poder contestarle. Cuando lo conseguí, le dije que mi madre había muerto hacía siete meses, y le pregunté qué quería de ella. El tipo, muy educado, se excusó hasta que le dije que no era culpa suya, que él no lo podía saber, y después me dijo que estaba interesado en una propiedad que mi madre, antes de morir, había puesto a la venta a través de una inmobiliaria online. La casa donde sigue viviendo mi padre. Le dije que esa propiedad ya estaba vendida, y el tipo colgó entre nuevas excusas. Después me arrepentí de haberle mentido y marqué el botón de rellamada, pero me atendió una mujer que dijo no saber de lo que le estaba hablando. Llevo todo el día pensando que esa situación sería un buen punto de partida para una novela.


En la mesa de mi izquierda, dos tipos comparten una botella de vino. Uno de ellos es alto y gordo, y su cabeza rapada deja ver una cicatriz que me habla de un pasado turbio. Va muy bien vestido, y de la solapa de su americana cuelgan unas gafas de sol que parecen caras. El otro es el típico hippie que no se cortó el pelo antes de que empezaran a salirle canas. Pantalones beige de pana, jersey verde de cuello alto y chupa vaquera. Sólo habla el rapado, y desde que escribo esto he captado frases como “hay que buscar regiones en el mapa que aún están borrosas” o “Díme quién te retiene a ti?” que me impiden volver a lo que realmente me ha llevado a sentarme a escribir en un bar.


Las ideas circulan alrededor de mi cabeza describiendo una órbita, como les pasa a los dibujos animados cuando se dan un golpe o están mareados. Cuando lo creen oportuno, me golpean en la frente para que les haga caso. Las hay de tres clases. Unas, las que nunca pasan de esa órbita, me rozan con un ala una o dos veces a lo largo de su vida, como si no me quisieran molestar. Otras parece que tengan programada una alarma, y me golpean periódicamente, siempre con la misma intensidad, que no es mucha pero sí la suficiente para que no las olvide por meses que revoloteen a mi alrededor. Las últimas, que son las que terminan atrapadas en el papel, llegan y me golpean con cualquier parte de su anatomía, sin orden ni concierto, en ráfagas abruptas, aislando mi atención con su urgencia y su agresividad.


En la mesa de la derecha dos tipos anodinos. Uno bebé té y el otro café con leche. El del té, que pese a estar en un sitio cerrado y con calefacción lleva puestas una trenca roja horrible y una bufanda Burberrys a cuadros, le acaba de decir al otro “Tú te beneficiarás del rojo Madrid”, a lo que el otro, cuyas ropas no merecen descripción por aburridas, ha contestado “no sé cuál es el rojo Madrid, pero seguro que es el peor que hay”.


La idea que me ha llevado a escribir en el bar es de esta última clase. Va tomando forma poco a poco, y ya puedo visualizar su aspecto una vez termine con ella, y eso siempre es una buena señal. Nadie me ha encargado que la convierta en un millón de letras puestas en hilera durante decenas de hojas de papel, y no sé si interesará a alguien una vez haya terminado con ella y quiera venderla para poder pagar el alquiler, la comida y mis borracheras, que cada vez se espacian más entre ellas.


En la barra, una señora muy fea con la cara gravada de viruela y un tipo con boina al que sólo le veo la espalda, hablan con la camarera, pero estoy demasiado lejos como para sobrevolar su conversación.


Como mínimo, esta idea mía descansará junto a sus hermanas en la carpeta más sagrada de mi ordenador portátil, donde empezará a envejecer, a acumular polvo virtual en sus cubiertas virtuales, y yo podré abrir esa carpeta cada vez que me apetezca para contemplar todo lo que he escrito e intentar convencerme de que no estoy perdiendo el tiempo.


Empieza a sonar un tema de Chet Baker, la camarera tiene puesto el canal de Jazz de digital + en el televisor. Levanto la vista a la pantalla y confirmo lo que ya sabía. Canción: My Ideal, Intérprete: Chet baker, Autor: Chase/Whiting, Álbum: The best of Chet baker, año: 1956.


El motivo por el que intento ensartar esta idea en la hoja falsa y luminosa que tengo delante de los ojos por la tarde y sentado en un bar, y no de madrugada en el salón de mi casa, que es donde escribo habitualmente, es que soy tan tonto que lo que escribo me da miedo, y cuando eso ocurre tengo que parar y ponerme unos capítulos de The Office o The It Crowd para relajarme lo suficiente como para poder meterme en la cama y dormir las seis horas acostumbradas.


El tipo rapado acaba de decir “en un momento dado se puede hacer un chanchullo de la leche”, y el de la bufanda Burberrys, como si todas las conversaciones fueran la misma de repente, ha dicho “eso me parece mucho más interesante”.


Hace unas semanas me compré una Bíblia. Me pareció indispensable para documentarme sobre lo que estoy escribiendo, pero hasta ahora sólo la he ojeado por curiosidad, y de momento, tengo la sensación de que al diablo se le trata de forma injusta sistemáticamente.


Acaba de entrar un tipo empujando un carrito de niño, pero el niño anda a su lado, y en el carrito cargan la mochila de la escuela. El hombre lleva una palestina azul enrollada alrededor del cuello, el niño va vestido con el chándal del colegio.


Ahora, si me disculpáis, intentaré concentrarme un poquito.


Canción de la noche: The devil went down to Georgia, de Primus. Porque un diablo así no puede caerte mal, sobretodo si tiene la voz de Tom Waits.


Buenas noches.

12 comentarios:

Pato dijo...

Cuando pones las cosas por escrito, les das un brillo que no merecen. Todos los escritores lo hacen. Considérate escritor, hayas o no publicado algo, RuidoPerro.

Elisa dijo...

Interessant! Només un detall, el més maltractat (com sempre explicava el Terenci) de la Bíblia és Sant Josep. Si no, algun dia ho discutim, però entre cornut primer i després, que Jesús més o menys li vé a dir "tu calla que no ets el meu pare"... desapareix del mapa molt ràpid. Ja ho veuràs. Però arma't de paciència!

Arcángel Mirón dijo...

Yo creo que todo este escrito puede ser el comienzo de una novela.

(Hola, vengo desde lo del Lagarto, y creo que me quedo).

lolita dijo...

Debo decir que leerte con aquella música de fondo ayuda mucho a la imaginación. Un ladrido más ruidoperro.

Lo cotidiano siempre es más interesante...

Chafan dijo...

No sé si has pensado en que, muchas veces, aquello a lo cual no damos importancia ninguna y es más, a veces pensamos que no vale para absolutamente nada luego resulta que es lo más conveniente o lo más acertado... quizá todo depende de las perspectivas que le damos a las cosas. Tenlo en cuenta, por si acaso.

Jor dijo...

Me gustaria ver todas esas cosas cuando voy a un bar.

Pasaré seguido, abrazos.

ruidoperro dijo...

Pato:

Muchas gracias, no sé qué más puedo decir.

Elisa:

Quin Terenci? Moix? Lo del dimoni ho dic perquè, al cap i al afi, és un mandat de Déu, a la història de´n Job queda ben clar.

Arcángel:

Bienvenido, y quédate el tiempo que quieras. Curioso que me visite un arcángel el día que hablo un poco del demonio :)

Lolita:

Por curiosidad, ¿qué tema sonaba cuando leíste la entrada? Siempre me he preguntado qué suena en la lista cuando alguien me lee. Y sí, lo cotidiano, visto un poco de cerca, puede ser interesante.

Chafán:

Es verdad, solemos darle importancia a cosas que no la suelen tener, y nos obcecamos siempre en mirar hacia la dirección equivocada. Nos dibujaron así, supongo.

Jor:

Pues allí están, te juro que el bar de debajo de mi casa es muy normalito. Prueba un día, yo no me he vuelto a aburrir.

Leire dijo...

He llegado a este lugar casualmente y sinceramente me ha encantado, me gusta lo que transmite.
Me tendrás por aquí de vez en cuando, aunque casi siempre de puntillas.

investigadora anonima dijo...

Genial Ruido Perro, tus ideas puede que esten chifladas y no sepan que quieren de ti pero al menos tu sabes que hacer con ellas.

Lui Lu dijo...

Hola majo,
que sigo leyéndote. Lo que pasa es que mi incapacidad para actualizar mi propio blog se ha extendido hasta los comentarios...
El ejercicio de concentración dentro del bar te ha dado buenos frutos al final, con esto de la descripción en vivo.
Un abrazo!

ruidoperro dijo...

Investigadora anónima (aka Emmaskarada):

No te creas, muchas de ellas terminan en el asilo de ideas, con las alas sin plumas, preguntándose qué han hecho mal.

Lui:

Hola maja, o maga, que diría nuestro amigo Horacio.
Contento y orgulloso de que me sigas leyendo, me gustaría poder decirte lo mismo. Vaaaaaaaaaaaaa, escribe algo, que echo de menos tus aventuras.

pelao dijo...

solo duermes 6 horas? venga, haz un esfuerzo y descansa un poco mas! a mi los bares me encantan para escribir, porque con las distracciones acabo indagando en frentes que no tenia previstos, y voy de sorpresa en sorpresa, lo que otorga al placentero acto en si una dimension "no-practica" que me chifla...salud.