miércoles, 10 de diciembre de 2008

27-. Aitana, Lucas y María.


Bienvenidos. Pregunta mi ruido perro si yo sería capaz de decir algo así de él.

 

Domingo al mediodía. Estoy con Aitana en la terraza de Joaquín. Yo apuro un cigarrillo, ella se cuelga de la barandilla como si fuera un monito, y se ríe cada vez que choca contra los barrotes. Aitana tiene cinco años, y desde hace unos meses está inmersa en esa etapa en que las niñas se disfrazan de princesa a la menor ocasión. Del disfraz de hoy destacan una larga falda de raso rosa con mucho vuelo y cubierta por un tul del mismo color, y una diadema plateada de plástico. Lleva los labios pintados de rojo y sombra oscura sobre los ojos.

 

De repente, se suelta de la barandilla y se tumba en la hamaca de un salto. Se me queda mirando. Tengo una mascota nueva, dice. ¿Ah, sí? Sí, es un ratón y se llama María. ¿Y qué tal se lleva con Lucas?

 

Hago la pregunta por inercia, por seguir manteniendo la conversación con la niña. Lucas es su perro. Hace unos meses un coche le golpeó y perdió un ojo. Al principio no se sabía qué iba a pasar con él, pero ahora es un feliz perro pirata, con el párpado cosido a la mejilla. Cuando oye el nombre de su perro, Aitana muda la expresión. Su mirada se ensombrece y su voz pasa del acostumbrado tono agudo e impertinente al susurro.

 

Es que Lucas se ha ido, dice. Empiezo a pensar que he metido la pata hasta el fondo. Me gustaría que la conversación terminara aquí, pero la mirada inquisidora de la niña me obliga a seguir preguntando. Trago saliva. ¿Adónde ha ido? Aitana, que sigue tumbada en la hamaca, vuelve el rostro hacia la pared y, sin mirarme, suelta la frase que lleva unos minutos revoloteando a nuestro alrededor como un murciélago.

 

Se ha ido al cielo, dice. Joder. El día se ensombrece de golpe, acabo de hacer que una niña de cinco años se acuerde de la muerte de su perro. Me quiero abofetear. ¿Qué puede ser lo siguiente? ¿Contarle que los reyes son los padres? Ella me sigue mirando sin pestañear, con el ceño fruncido y unos pucheros dignos de Popeye. El carmín corrido le confiere un aire de muñeca rota. No tengo ni la más remota idea de qué puedo decir. Seguimos mirándonos unos segundos que me parecen eternos, hasta que la llaman desde el salón, ya está la comida y hay que lavarse las manos.

 

La niña suspira, se levanta de la hamaca, se sacude la falda como se estila en la corte del príncipe azul y me deja solo. Noto la sangre latiendo en mis sienes y, a pesar de que el día es frío, tengo las mejillas encendidas. ¿Por qué nadie me ha dicho que Lucas se ha muerto? ¿Y qué le ha pasado? No puede ser del accidente, hace dos semanas estuve jugando con él en esta misma terraza. ¿Habré removido una herida que ya estaba cicatrizando gracias a María el ratón?

 

Entro buscando a Laura para que me aclare qué ha pasado con el perro y me topo con Itxaso, la madre. Me aclaro la voz. Oye, Itxaso, creo que la he cagado. No sabía lo de Lucas, y Aitana me ha contado lo del ratón y… bueno, que creo que se ha puesto triste.

 

La madre me mira como si yo fuera Lucas resucitado, como si le estuviera hablando en polaco, como si estuviera desnudo. Soy Lucas resucitado y le estoy hablando a Itxaso en polaco mientras me rasco las pelotas como mi difunta madre me trajo al mundo. Dioses.

 

Intento recomenzar mi explicación por la parte en la que yo no sabía que Lucas estaba muerto, pero Itxaso me corta antes de que pueda decirle cuánto siento haber entristecido a la niña, y me dice que Lucas está en su casa, vivito y coleando. En ese justo momento, Aitana irrumpe en el salón envuelta en una carcajada, salpicando con sus manitas húmedas el rostro de su padre, que la lleva en brazos. Itxaso me da la espalda y le pregunta a la niña qué me ha contado sobre Lucas.

 

Que estaba en el cielo, responde como si dicha respuesta fuera la más lógica posible. ¿Y por qué le has dicho eso? Inquiere la madre. La niña se encoje de hombros mientras tuerce la boca como sólo los niños saben hacerlo. Veo que tiene moquitos resecos en sus pequeñas fosas nasales, sobre esos labios rojos de carmín y debajo de esos ojos enmarcados en oscuro. Todo cobra un matiz grotesco y empiezo a pensar de nuevo si estaré loco. Aitana parece cerca de las lágrimas, no quiero que Itxaso la riña. Estoy a punto de intervenir. Por suerte, la borrasca pasa deprisa. Itxaso se vuelve hacia mí de nuevo y me asegura otra vez que Lucas está en su casa y que no existe ningún ratón llamado María. Todos reímos, más o menos, la niña también. Joaquín aparece con el arroz y nos sentamos a comer.

 

Hablamos de lo que acaba de ocurrir durante gran parte de la comida. Aitana tatarea una canción infantil mientras mastica, como si la conversación no fuera con ella. Los mayores deciden que la niña es tan inteligente como imaginativa, que sólo era un juego. Yo pienso en las veces que habrá jugado con Lucas, y me imagino a mí mismo bromeando sobre la muerte de mis perros. Un escalofrío recorre mi espalda. Aitana se levanta antes de haber terminado su plato para ver una película de dibujos amorrada al televisor. Hipnotizada por los monigotes en la pantalla, probablemente ya no se acuerde de que hace unos minutos ha matado a su perro tuerto en beneficio de un ratón imaginario llamado María.

 

Yo me sigo acordando días después, y me pregunto si, a pesar de que el desconocimiento de la ley no nos exime del cumplimiento de la misma, no saber lo que es la maldad nos libra de ella. Los enormes ojos de Aitana, llenos de dibujos animados, podrían ser un argumento a favor de tal teoría. Aunque yo no la comparta.  

 

Canción de la noche: Kids with guns, de Gorillaz. Porque, como canta Damon Albarn, igual son ellos los que nos convierten en monstruos a nosotros. Es decir, puede que con sus juegos desenmascaren nuestra oscuridad.

 

Buenas noches.    

14 comentarios:

Eclipse dijo...

Yo suelo decir que los niños en sí no inventan, crean la realidad a su modo y la comparten. No es una teoría desarrollada ni mucho menos, tampoco una verdad absoluta, pero cuento con suficientes anécdotas de este tipo, viviendo desde hace cuatro años con una pequeña en la casa, como para sostenerla.
En todo caso, se puede aprender mucho de ellos, principalmente, de su capacidad de sorpresa y de esa otra capacidad que tienen para construir un mundo imaginario como si fuera lo más real del mundo pero tener siempre claros los límites.
Mi hermana tiene su amiga imaginaria, llamada Sophie, y la usa para infinidades de cosas, incluso para dar respuestas inteligentísimas o para escapar de situaciones. Tiene, a sus cuatro años, la capacidad de crearle una familia y festejar sus cumpleaños (que se repiten un par de veces al mes) pero siempre tiene claro, para muchas cosas, su carácter imaginario (como cuando la probamos diciéndole que le pida ayuda a Sophie para ordenar la habitación y te dice: no, Sophie es imaginaria, no puede ayudarme)
En fin, un montón de historias más, con las que no voy a aburrirte.
Hermosísimo relato, como siempre, me heló la reflexión final: "Es decir, puede que con sus juegos desenmascaren nuestra oscuridad."

Verònica dijo...

hola, llego acà por la primera comentarista de este post, srta Eclipse, jeje, ambas somos de Uruguay asiq lleguè de viaje por la web...
es la primera vez que te visito, quiero creer que no serà la ùlitma, estoy en el trabajo y solo lei este relato y la verdad es que me llegò muchisimo, me trajo recuerdos bonitos.. de esas èpocas en que el mundo era a nuestro modo, de aquellas mentiras piadosas que todos podian creernos con tanta creatividad! muy lindo, gracias, un besoT, Vero.

Anónimo dijo...

qué cabrrrrrrrita la niñaaaaaaa.
aitana, mona, a mí me haces eso y me quedo patidifusaaaaaaaaa vivaaaaaaaaa

Pato dijo...

Esta entrada me ha sido muy inspiracional. ¡Gracias!

Bárbara dijo...

El universo de los niños es incomprensible para nuestros ojos de adultos.
Como comentariuo aparte, diría que ya de pequeñas aprenden cómo engañarte y hacerte sentir culpable.

Abrazos

Cloe dijo...

Los niños tienen ese encanto....de dejarte mal aparado muchas veces.

Besos

Chafandika dijo...

Guau, tanto por la niña como por la forma tan estupenda que tuviste de narrarlo. Cojonuda la reflexión.

Pi dijo...

Ruido! ¿sabes que mi Braulio también se quedó pirata? No hemos sabido qué fue lo que le pasó, porqeu no se ha quedado traumatizado ni por coches, ramas, botas militares, etc, pero no pude evitar que mis niños vieran el momento en el que el pobre canino llegó a casa, en shock, y no quiero describir los detalles gore. Ahora la imagen hace parte de sus pesadillas recurrentes. POr ahí anda la historia en el cardhu. En fin, los niños, los perros, las pesadillas.
Un besito, guapetón.

la elfa dijo...

He pasado unos dias en Siria con unos amigos que tienen dos ninas de 4 y 2 anios. Si te digo la verdad, ya se me habia olvidado lo tierna que es la inocencia de los ninos, pero tambien lo malos que pueden llegar a ser. No tengo ninguna anecdota como la tuya, pero si miles de pequenas e insignificantes escenas que se han grabado en mi memoria, como un recordatorio de que los ninos me encantan, pero creo que de momento solo de lejos. Los de los amigos, los que algun dia tendran mis hermanas... pero yo por ahora vivo la mar de bien sin ellos!!

Solita dijo...

Siempre es un gusto enorme visitarte. Hacía mucho que no pasaba por aquí, y realmente sigues sorprendiendo con tu forma de decir las cosas, de transmitirlas.

Me hiciste acordar a El Principito. :)

Te dejo un beso, que andes bien.

Rosalie dijo...

He llegado aquí de casualidad (bueno, no tanto, realmente ha sido porque también me gustaron Los detectives salvajes de Bolaño), y me ha encantado la forma de narrar la siempre deliciosa y perversa maldad infantil. A veces me da miedo lo que son capaces de contar o de hacer. Casi más que los adultos.

Saludos.

NoSurrender dijo...

es un proceso lento, a veces incluso frustrado, el que nos lleva a separar realidad de fantasía. Lo llaman madurez. Ja!

Salud!

Anónimo dijo...

demasiado largo

sabes que lo que cuentas se lo puede decir en un QUINTO de palabras, y mas incisivas. en serio.

esperar que la agua hierva y escribir son actividades totalmente distintas y te invito a considerarlo.

aburre.
aburrir no vien del contenido. vien de COMO LO EXPRESAS. DEBES CORTAR, DEJAR A LA IMAGINACION.
escibir no es hacer fotos, y incluso las fotos siempre algo dejan afuera

*_'

ruidoperro dijo...

Anónimo:

Acepto tu crítica por constructiva, pero ¿te has parado a pensar que quizá no quiero ser más incisivo? Mi intención era narrar una anécdota y transmitir el poso que me dejó, y no creo que me haga falta extremarme más para conseguirlo.

En cuanto a la extensión, he releído la entrada y no creo que debiera ser más esquemática de lo que fui. A mí lo que me aburre son las entradas de diez líneas, que asocio automáticamente con las pocas ganas de escribir. Mucha gente confunde la síntesis con la racanería.

Otra cosa: ¿Corto o dejo volar la imaginación? Me parecen conceptos antitéticos.

Y para terminar: No entiendo la autoridad con la que haces la crítica, sobretodo oculto tras un anónimo.