jueves, 4 de diciembre de 2008

26-. Tuxedo.

Bienvenidos. Mi ruido perro se ha hecho un nudo Windsor con la correa y quiere bajar a la calle a ver qué pasa ahora.


- Quiénes?


El hombre embutido dentro de un smoking, cincuenta, barriga prominente, barba de intelectual progresista, pajarita alrededor del cuello y novia de veinticinco colgada del codo, me mira con los ojos muy abiertos, y a mí se me antoja harto complicado explicarle quién coño son The Rapture, un grupo que empezó a ensayar en el garaje de los padres del cantante, allá en Nueva York, poco después de que él se divorciara de su primera mujer. Mientras espera mi respuesta, el tipo da otra calada de su Partagás. Su novia arruga la nariz.


De repente, el tema de The Rapture termina, y empieza a sonar el primer acorde, afilado como la navaja de un barbero, de London calling, de The Clash. Por fin un nexo de unión como dios, así, en minúscula, manda. Esta vez la balanza se inclina de su lado, lo admito. Él probablemente pisó el Londres que la voz rota de Joe Strummer describe en la canción, yo sólo lo he podido imaginar. Pero mi imaginación es como una Uzi, advierto. El contacto visual con este hombre embutido en su smoking, o tuxedo, como dirían los de The Rapture, se intensifica, y soy capaz de encontrar en el fondo de sus ojos los gramos de cocaína que han remontado la pendiente adversa de sus fosas nasales, los tratos sellados con un apretón de manos y un trago de Chivas, las veces que decepcionó a sus dos ex esposas, los ceros que, a través de los años, se han ido acumulando a la derecha de la cifra que importa, en sus distintas cuentas corrientes.


Él advierte abismos parecidos entre mis pestañas. Strummer nos cuenta que la ciudad se ahoga y él vive cerca del río, y la explicación que nos llevó a establecer este curioso contacto visual, nunca verbalizada, deja de ser importante. Él es el primero en cerrar los ojos, poco a poco se da la vuelta y sacude su cabeza al ritmo de la canción, feliz por pisar terreno conocido por primera vez en más de una hora. Yo me llevo el vaso a la boca y también le doy la espalda despacio. Simón baila con una chica a la que no había visto antes.


Esa décima de segundo en la que los dos nos hemos olido el culo como si fuéramos perros en un parque y nos hemos reconocido sigue flotando detrás de mis ojos, entre mis orejas.


En veinte años a partir de este momento yo también vestiré un smoking cortado a medida para celebrar los cumpleaños de mis amigos, tomaré viagra cuando lo necesite, tendré una casa en la Costa Brava y un apartamento en Pedralbes, fumaré cigarros Partagás y escribiré artículos de opinión en El País.


En veinte años a partir de este momento estaré a punto de publicar, después de muchos sinsabores, mi primera novela. En una editorial pequeña, casi desconocida, pero verla en los estantes de cualquier librería me provocará un orgasmo tan intenso como el primero. Seguiré viviendo de alquiler.


En veinte años a partir de este momento seré el propietario de un pequeño club en la costa, música en vivo y buenos cocktails, y recordaré, con algún que otro pinchazo en el amor propio, mi anhelo de ser escritor como la locura bohemia que no pudo ser. Mi hígado estará tan castigado como en cualquiera de las dos opciones anteriores.



En veinte años a partir de este momento llevaré diez dentro del ataúd más barato que le pueda ofrecer la funeraria a Laura o a mi hermana. La carne de mis mejillas se habrá convertido en polvo, pero mi pelo y mis uñas seguirán creciendo. Como el de Strummer, mi corazón dirá basta en algún punto todavía por determinar, y me iré al suelo con los dos dedos medios extendidos.


En cualquier caso, recordaré estos frustrantes años de dificultades, de no saber cómo pagaré el alquiler dentro de dos meses, de bastarme un ron con coca para ser Keith Richards, de matar el tiempo escribiendo cosas que nadie lee, de oler las oportunidades de los demás por las esquinas, de saludar al sol con los ojos inyectados en sangre, de ver la tele tapado con una manta por el frío, de follar sin condón sobre sábanas desteñidas, de, en definitiva, negarme a reverenciar los smokings que me voy encontrando mientras noto el sabor acre de la envidia en la comisura de mis labios, como una de las épocas más felices de esta broma pesada que nos empeñamos en llamar vida.


Canción de la noche: como no podía ser de otra forma, London Calling, de The Clash. Por ese bajo que, como nos tocaría hacer a nosotros, se cuela sin invitación, y porque, como canta Strummer en el último verso, I never felt so much a’like.


Buenas noches.

4 comentarios:

Nayra dijo...

Pues yo, por supuesto, te deseo un futuro mucho mejor y te digo más... te lo predigo en mi bola de cristal!!! Me ha encantado, aunque me joda que me guste algo tan oscuro...

emma dijo...

Wonderful Ruido Perro. You never know what is going to happen by the way and that's the best of all. You never know. Never. Therefore you have to resist.

Lui Lu dijo...

Hace unas semanas, el Señor Lagarto había colgado en su blog un vídeo que probablemente hayas visto ya, el de la primera vez que los Stones escuchan la grabación de Wild Horses, en el mismo estudio de grabación. Es impresionante cómo Richards cierra los ojos y canta, flotando encima del sofá, cómo Jagger deja de beber a morro de la botella de vino que no soltaba al principio, la cara de Charlie... lo pequeños que son y lo grande que es la obra que acaban de crear, tan grande que me atrevo a decir que casi los supera, los deja fuera de combate escuchándola... Pero... ¿esto lo hemos hecho nosotros?
Yo no había visto el vídeo, y me impresionó mucho, quizás hasta exagere... pero me puso en situación la apreciación que el dueño del blog hacía antes de presentarnos a todos el vídeo. Cito textualmente: "Cuando más frágiles se sentían, cuando más dudaban de sí mismos, es cuando más llenos de emociones estaban".

Me quedé muy pensativa. Y le escribí al Sr. Lagarto que esperaba que fuera ese el regalo de la vida, porque si no...

En el fondo, dentro de este presente tan lleno de incertidumbres, creo que lo inteligente es apreciarlo, ir por delante de uno, como tú has hecho, para poder volver la vista atrás, buscarnos a nosotros mismos en youtube, y darnos cuenta del amargo pero increíble regalo que teníamos aquellos años, estos.

El blog que he citado es www.ellagartoentulaberinto.blogspot.com

ruidoperro dijo...

Nay:

Gracias, a ver si tu bola está afinada. Celebro que te guste, pero sigo sin entender por qué te jode que te guste si es oscuro, es como si sólo nos pudieran gustar las canciones felices de Radiohead, que son las menos, o como si Poe o Borroughs no nos convenieran.

Emma:

right or not, it seems to be the only way. Therefore, let's face it.

Lui:

Es exactamente lo que intentaba transmitir, aunque me haya quedado derrotista a muerte. A mí el vídeo también me ha impresionado, era como espiarles décimas de segundo antes de que todo estallara. Y la cara de Charlie, qué pedo, madre.
El blog que citas me parece muy interesante, gracias por la recomendación, ya está en mi lista.