domingo, 16 de noviembre de 2008

24-. Chicle y polvos de vainilla.

Bienvenidos. Mi ruido perro dice que no se despierta, que para qué.

Llevo días retrasando este momento. He empezado tres veces a escribir esta entrada y he desistido otras tantas, frustrado. Para qué, si no tenía nada que decir. Tampoco es que ahora cargue con el peso de una conferencia, pero espero que algo salga. Y si no, tengo la segunda temporada de MadMen por ver. O quizá algo de porno. O las dos cosas.

Es sábado por la noche. Oigo los gritos del botellón en la plaza a través de mis auriculares, que me perdonen los Grant Lee Buffalo. Hace siete días yo estaba exactamente igual que los dueños de esos gritos, borracho como un marinero de permiso. Hoy he apagado el móvil para evitar cualquier tentación y llevo el pijama puesto desde las siete de la tarde. Al menos en eso hemos avanzado algo. O no, según se mire.

Vuelvo a tener la sensación de que los días son de chicle. Se estiran, se deforman, y sus extremos se funden entre ellos para ocultarme que avanzan. Todo sigue igual, y mientras me lamento de que cada tarde es un calco de la anterior, los hijos de puta han puesto la directa y ya estamos a mitad de noviembre.

Despierto, desayuno, limpio, leo el periódico, escucho la radio, como, paseo a los perros, leo, trabajo con el ordenador, paseo a los perros, ceno, veo la tele, escribo, leo, duermo. On repeat. Debajo de todo esto, la navidad asomando la pezuña por debajo de la puerta. Y yo con el afro puesto.

Una de las veces que hablé a solas con él, el oncólogo de mi madre me dijo que la navidad quedaba muy lejos, como metáfora del poco tiempo que le quedaba. Desde entonces he usado esa frase como etiqueta en este blog cada vez que hablaba del tema. Pues bien, ahora ella ya no está, y la frase, que durante estos meses me ha perseguido como una deuda, ha perdido sus dos razones de ser, la metafórica y la literal. Y la verdad, después de joderme durante meses, lo mínimo que podía haber hecho por mí la puta frase era conservar su literalidad, mantener las fiestas encalladas en el calendario, al menos un par de meses más. Tampoco era tanto pedir.

Miento. Esta semana sí me han pasado cosas, sólo que no han sido las que yo quería. Abramos un paréntesis.

El martes terminé el libro de Murakami y me dio absolutamente igual. Lo cerré preguntándome por qué coño había tardado el hombre doscientas páginas en contarme algo que A) no tenía ni pies ni cabeza, y B) se lo podía haber ventilado en, a lo sumo, treinta o cuarenta. Qué chasco, con lo que le envidio. Ayer me compré el de Saviano, de momento promete.

El miércoles un perro llamado Ron mordió a Pumba y le arrancó un trozo de oreja. Como era de noche tuvimos que llevarle en nuestro coche a la clínica. Le durmieron, le dieron tres puntos y a mí me cobraron casi doscientos euros. Ahora lleva esa especie de pantalla de plástico alrededor de la cabeza para que no se rasque y se da con todo lo que encuentra. Parte de la herida no se pudo coser porque le faltaba piel, y tenemos que echarle encima unos polvos cicatrizantes que huelen a vanilla. Sí, habéis leído bien, vainilla, cortesía de algún químico subnormal. Evidentemente, cada vez que los huele, encima de su oreja o en la pantalla, intenta comérselos. Un drama. La foto que inicia este sinsentido que estáis leyendo es de mi bañera, de cuando aún no habíamos visto que le faltaba un trozo de oreja e intentamos curarle por nuestros medios.

El jueves hablé con mi padre durante veinte minutos. Poco antes de colgar noté en su voz las oscilaciones típicas de quien aguanta las lágrimas en la garganta. Me jode pensar que cuando hablo con él le dejo peor de lo que estaba antes de mi llamada, porque se supone que hablar es precisamente lo que mejor le tendría que ir. La cuestión es que, si ya estamos así, no quiero pensar como será la cena del veinticuatro, o la comida de navidad. ¿Alguien me puede prestar una varita mágica? O en su defecto doscientos miligramos de ácido lisérgico.

Ayer empecé un blog nuevo. Se llama he visto un fantasma y no, no tiene nada que ver con mi madre. Tengo una novela entera por corregir, un editor esperando, y pierdo una noche entera en eso. Y hoy otra aquí. Viva.

Cerremos el paréntesis. Aquí lo que ocurre, a parte de mi genuino terror al mes que entra, es que llevo demasiado tiempo esperando que suene el teléfono. Y no, María, no lo digo por lo nuestro. Todos aquellos que me podrían dar un trabajo que me interesara esperan entre cajas, y en esa espera aumentan los halagos y desciende el saldo de la cuenta corriente. Lástima que los halagos no se coman ni paguen el alquiler. Eso sí, todavía creo que no ha llegado el momento de poner copas, que a fin de cuentas es lo que más he hecho en mi vida laboral, y por tanto, se podría considerar mi verdadero oficio a pesar de mis esfuerzos en la dirección opuesta.

Bien pensado, mis mojitos son insuperables.

Canción de la noche: Expectations, de Belle and Sebastian. Porque, gracias al demonio, ando sobrado de ellas. Malditas.

Hala, a dormirla.

9 comentarios:

Nayra dijo...

La Navidad. No es comparable, pero no quiero ni verla. Ayer le decía a Hache que ojalá estuviéramos en abril y me quedasen meses de tregua para pensar y sufrir, el tiempo que necesito antes de la maldita fecha. Arrancaría cada adorno y me estrangularía con cada guirnalda, pero tenemos que jodernos. Yo propongo un viaje alternativo a las islas galápagos o a algún sitio donde papá noel sea un desconocido, pero, claro... tenemos que pensar en los que quedan y a los que queremos. Mierda, mierda. Quiero una campana de plástico de esas que tiene Pumba en la cabeza, para no mirar de reojo... Pensándolo mejor, sólo quiero dormirme hasta enero.

emma dijo...

Ruido, no sabia que tuvieras una novela terminada, ahora que si que te envidio pero mi envidia es suave y felina, nada que ver con lo que normalmente se toma por envidia.
La Navidad es una puta mierda, de todos es sabido, tiene un puntillo literario sin embargo, puede ser por el hecho de que abre heridas y escuece la maldita. Joder, nunca nos pasa eso con el verano.

mo dijo...

Yo soy de la opinión de Melendi (aquel que dice beber en el avión por miedo a volar con la de veces que el menda ha volado ya con avión o sin él) y opino que la navidad la inventó el Corte Inglés con sus semanas de oro y sus lueces de millón y medio (de €uros, sí).
Es evidente que pienses lo que pienses y creas o no en aqeul de la cruz la navidad es bien jodida y más con lo que tú llevas a las espaldas, por eso lo mejor es no esperar a que llegue y que cuando llegue pues comáis gambas a a la plancha como el 98% de los españolitos, comer el tipo de turrón que te guste (si te gusta algún tipo, digo) y mirar de frente al dosmilnueve que según me dijeron los de La Caixa va a ser bastante más jodido que este que está ya casi agonizando.
Que te quites ese pijama porque queda mega cutre que te coloques un pijama a las siete de la tarde y que pasees a tu perro el del collar nuevo de plástico más de un par de veces al día.
Que te fumes un porro, que folles con Laura molamogollón, que dejes de leer libros de mierda y que, si te apetece, hagas un grafitti en cualquier pared cercana a la Puerta esa Soleada donde cada añito nos dáis las uvas al resto de españoles varios colocando aquello de: "LOS REYES MAGOS SON LOS PADRES, DIOS ES UNA ENFERMEDAD MENTAL Y BRUCE WILLIS ESTÁ MUERTO DESDE EL PRINCIPIO EN EL "SEXTO SENTIDO".

Y que se jodan con la banda sonora esa de fondo de que los peces beben y vuelven a beber y siguen bebiendo otra vez.

MO.

P.D.: Ahora vas y me llamas terrorista de palabras.

ruidoperro dijo...

Nay:

A mí ahora mismo me tira algo más autodestructivo que dormir, así podré flagelarme a gusto en enero. Dios que neura.

Emma:

Suave y felina, qué imagen. A mí el verano tampoco me vuelve loco, soy más de entretiempos. Y lo de la novela, qué quieres que te diga, es como cualquier otra cosa que alguien hace si le gusta hacerlo y tiene el tiempo suficiente. Hay cuentos tuyos en ese blog que se merecen una, a ver cuando te pones.

MO:

Tus chutes de terrorismo siempre me animan. Brutal la frase de bruce willis. Se la mandaré por sms a las hijas pequeñas de una tía mía que encaja perfectamente en tu última entrada, en el segundo apartado. Y respecto a los consejos, muy sabios ellos, pero mi pijama no es nada cutre, que lo sepas.

Pi dijo...

(Ruido, para leer este comentario pon tono anunico de Cilit bang o como se diga, pero ponlo)

El último semestre de 2008 ha sido una auténtica mierda económicamente hablando.
PERO DESDE QUE DESCUBRÍ "AJUSTE DE CUENTAS" , LOS VIERNES, EN CUATRO, ¡ME DIVIERTE SENTIRME ARRUINADA!
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Pensemos que queda poco del 2008, que eso sí que anima.
Un abrazo, grande, fuerte.

chafandika dijo...

Yo pienso que la navidaz más allá de las luces y todo eso llega un momento en la vida en la que la navidaz parece estar hecha para echar de menos a aquéllos que no van a estar ahi para despedir el año. Es así. Supongo que de forma inevitable así es.

Todo está en continuo movimiento (desde tu perro en el comedor hasta los propios estados de ánimo) y supongo que es bueno que así sea. Y como es así, ya verás como llegará el momento en que sin saber bien de dónde te llegarán las ganas y el ánimo para intentar agradar en esas fechas a los que sabes que también están echando en falta.

La navidaz es jodida por todo esto y por el cuento de la lechera que la acompaña pero por otro lado no deja de ser el final de un año y el comienzo del nuevo. El movimiento es lo más importante y tú llevas hasta el ruido puesto y todo así que fíjate.

Elisa dijo...

Els nadals són pura tradició. Jo sempre espero que passin el més ràpid possible...
A casa meva cada any diem que marxarem de viatge per oblidar que és Nadal, però mai no ho fem, també perquè el meu aniversari queda enmig de festes, suposo...
Espero que et sigui el menys dolorós possible i que et passi ràpid. Si ns veiem per aquelles dates ja ens emborratxarem i oblidarem del món real. De vegades més val escollir la píndola vermella, la realitat és cruel, i la inòpia va bé de tant en tant! Parlarem de sèries de TV i similars!!!
Molts petons

Solita dijo...

Odio las fiesdtas de diciembre...

Y como vos, también espero que suene el teléfono... pfff.


Un beso, niño.

María Leach dijo...

Diosss, sé que no te sirven de nada los halagos, pero... TE SUPERAS, caray!!!