lunes, 13 de octubre de 2008

19-. Haruki y yo.


Bienvenidos. ¿Alguien le puede decir a mi ruido perro que las gafas de leer no se limpian con netol?


Es sábado por la tarde. Llueve. Un solo comentario en mi anterior entrada (gracias Lui). Me aburro. Me miro en la pantalla del portátil, y mi reflejo, más despeinado que de costumbe aunque sólo lo note yo, en pijama y con barba de varios días, me convence de que me distraiga con cualquier otra cosa.


Entro en la página de la Fnac para ver las novedades literarias. Y una en concreto me golpea entre los ojos. After Dark, Haruki Murakami. Al principio creo que es la traducción al inglés, que lleva más de un año en las librerías, pero enseguida me doy cuenta de mi error. Ya hay libro nuevo de Murakami en Español. Y yo en pijama.


Llevo dos días sin salir de casa para otra cosa que no sea pasear a los perros. Por nada en especial, todo lo que tenía que hacer estos días podía hacerlo con el ordenador. Vuelvo a ver mi reflejo en la pantalla. Hay que hacer algo con esa barba. Una ducha y un afeitado después piso la calle sin mis pintas de ermitaño. Ahora no llueve, pero para el caso da igual, tengo el pelo empapado. Mientras ando por Bailén pienso en las pocas cosas que podrían hacerme pisar la calle Preciados un sábado por la tarde. Una manifestación, la visita de un amigo y Murakami. A medida que me acerco a Sol aparece la conocida sensación de estar viviendo en un hormiguero, que me asalta cuando piso esa plaza infecta, pero hoy es más soportable que las otras mil veces. No voy a comprar leche de soja al Corte Inglés, ni lotería para mis abuelos en Doña Manolita, ni a un preestreno, Murakami tiene libro nuevo.


Leí Tokio blues, que en realidad se llama Norwegian wood, a saber por qué el cambio, hace cuatro o cinco años, cuando aquí a Murakami le conocía mucha menos gente que ahora. Siempre me ha gustado la literatura japonesa, y, también en la Fnac, pero esta vez la de Barcelona, me llamó la atención la portada, una geisha con gafas de sol. A medida que avanzaba en la historia supe que había dado con un escritor de cabecera. No recuerdo qué estaba haciendo o dónde cuando empecé el libro, pero si lo compré en Barna suena a tarde después de currar, sin Laura, a noches pasadas en sofás amigos. Enseguida me cautivó la sencillez de lo contado, la música que desprendía, esa melancolía tan japo, ese aire pop que lo impregnaba todo, el equilibro entre sexo y muerte. Sé que alguno se tirará de los pelos cuando lea lo que estoy a punto de escribir, pero comparo sin ningún pudor Tokio blues con El guardián entre el centeno.


Ya en Preciados, consigo la puntuación máxima en un juego que he heredado de Laura y Pablo, su ex, que consiste en cruzar la dichosa calle, que estaría atestada de gente aunque lloviera mierda, sin que nadie te toque, sin un roce extraño. Habitualmente no es muy difícil, pero intentadlo en los días previos o posteriores a Navidad, es prácticamente imposible, y en esos días, lo que te pide el cuerpo es encaramarte a alguien e ir saltando de cabeza en cabeza hasta llegar a Callao. Entro en la última planta de la Fnac esperando encontrarme algún montaje de marketing anunciando el lanzamiento del libro, pero no, ese espacio está reservado a la última parida pseudohistórica, el secreto de alguien, el enigma de algo, yo que sé. De hecho, encontrar After dark me cuesta un poco más de lo que pensaba, no está entre los más vendidos. En el fondo me alegro un poco.


Después de Tokio Blues llegaron el pájaro que da cuerda al mundo y Kafka, que me encantaron, e igual que yo a muchas personas. Y no negaré que me dio un poco de rabia ver anuncios de esos libros en periódicos y revistas, ver a gente con ellos en la mano por las calles, leer que Murakami está entre los futuribles al Nobel. Ya no era tan mío, la gente ya no me miraba raro al recomendarlo. Pero por otro lado, se editó en castellano casi todo lo que ha escrito. Algunos, como los dos que he nombrado al principio de este párrafo y también Sputnik mi amor o Al sur de la frontera, al oeste del sol, me encantaron. Otros, como La caza del carnero salvaje o Sauce ciego, mujer dormida, no tanto.


Vuelvo a casa. Junto con Alter dark también me he llevado Rant, de Palahniuk. Le doy a un yonki la última moneda que tengo, dos euros, sin detenerme, antes de que me obligue a sacarme los auriculares de las orejas. Se me queda mirando extrañado, sigo parapetado tras los Blonde Redhead. Fúmate el chino a mi salud, tío. Saco el libro de la bolsa. La foto de la portada es buena, la silueta de unas piernas femeninas sobre el asfalto mojado, donde rebotan luces nocturnas, los zapatos descansan en una mano de la dueña de las piernas. Leo en la contraportada que es de un tal Piotr Powietrzynski y tomo nota mental de buscar información sobre él.


Cada vez que oigo que Isabel Allende escribe realismo mágico me descojono.


Lo duro ahora será terminar el libro de Marías que me estoy leyendo, y que me está gustando, sin caer en la tentación de abrir éste cuya portada oigo crujir en mis manos.


Canción de la noche: Paris 1919, de John Cale. Porque algún fantasma habrá, escondido entre esas páginas.


Buenas noches.

7 comentarios:

Elisa dijo...

Estic amb tu! Sputnik sweetheart és dels millors de Murakami!

Anónimo dijo...

gracias por Blonde Redhead; no los conocía y ya me he empapado 23 (el álbum) tres veces esta mañana de reincorporación laboral.

me gusta tu blog que ya encontré.

bss. cris

Emma dijo...

Hay fantasmas por todas partes, te lo digo yo que vivo con uno y ahora que nos estabamos acostumbrando el uno al otro me tengo que ir.
Bruselas me espera al otro lado de el manto de lluvia.
Tus canciones me hacen sonreir.

Lui Lu dijo...

Me encanta, yo también he ido mil veces a por leche de soja a El Corte Inglés. Es muy gracioso ver cómo no sólo todos odiamos Sol sino, en unos días como estos, la lluvia aparece por detrás o por delante de algunos de nuestros posts.

Aún no he leído a Murakami.

Y de nada, faltaría más. Pa la tontería que te puse... se me olvidó decirte que me pareció un texto muy bello.

chafandika dijo...

Me ha llamado mucho, bastante, la atención eso que dices, algo así como que al ver el libro en manos de otro, entre vagones o transeuntes varios te da entonces la sensación de que ya no es "tan tuyo"... joder, esa sensación la conozco, la he vivido con respecto al millás, la mala rodriguez, andrés iniesta, el bosk y quizás etc, no sé. Ahora tú hablas de esto mismo pero me queda la duda de qué significará el pensarlo así porque es una contradicción grande, no sé.

Y en Preciados yo te diría tengas también en cuenta que de casa saliste con la cartera en el bolsillo porque hay unos cuantos precedentes, ya sabes.

chafandika dijo...

((((((oyes, asinn por lo bajini te digo que ESE MAYUSCULA ya ha dao señales de vida, por alli quedó, búscala corre))))

ruidoperro dijo...

Elisa:

Per mi els dos millors serien Tokio Blues y kafka en la orilla, però Sputnik tb em va agradar molt.

Anónima Cris:

A ver si me acuerdo, te grabo los discos y te los bajo al parque en un paseo perruno.

Emma:

Encantado por esas sonrisas. Has pensado en meter al fantasma en la maleta?

Lui:

Mira que somos masocas eh? Si fuéramos a por jabugo aún, pero A POR LECHE DE SOJA? Estamos mal, muy mal. Si quieres empezar con Murakami yo lo haría por Tokio Blues, es el menos marciano, y una buena puerta de entrada a su mundo. Cuando lo leas verás por qué lo digo.

Chafandika:

Estoy totalmente de acuerdo, es una contradicción, y además un poco ridícula, pero es así. Con Iniesta me `pasó algo parecido. Y tranquila, la billetera seguía en su sitio. Respecto a lo de S, es que no recuerdo el nombre de su blog y molaba.