jueves, 9 de octubre de 2008

18-. De repente.


Bienvenidos. Mi ruido perro acaba de recordar dónde escondió ese jugoso hueso de caño.


De repente, uno tropieza con una canción como ésta. Y el vello de sus brazos se eriza, su estómago se encoge, y sus sinapsis se retuercen de gusto con cada impulso eléctrico, convirtiendo los cinco minutos que tarda en desaparecer el sonido en un viaje por toda la geografía interior que uno atesora dentro de su piel. Y de repente, uno se acuerda de la última canción que provocó algo parecido, que era ésta, y da gracias porque sigan apareciendo canciones nuevas para esconder a las que ya no somos capaces de escuchar.


De repente, uno entra aquí y se encuentra cara a cara con gente como Freud, Pollock, o Schiele por vez primera sin que estén encerrados dentro de una página, y, parado delante de sus cuadros, puede imaginarlos pintando desde el mismo punto en que uno observa, borrachos o no, los ojos febriles buscando fallas en el lienzo como el soldado que busca al enemigo en el campo de batalla, la mano calluda asiendo el pincel como arma cargada de sensibilidad. Durante el paseo, uno se cruza con joyas como ésta, o ésta, y vuelve a ser capaz de sentir el vértigo en la boca de su estómago y las lágrimas detrás de sus ojos. Y de repente, uno se acuerda de la última vez que lloró, y da gracias porque sigan apareciendo nuevos motivos que escondan a los que no dejaron ni una gota que ser derramada.


De repente, uno, por circunstancias bastante rocambolescas, aparece en un sitio como éste, y, a medida que avanza la visita, es capaz de imaginar las manos arañando la piedra, los pies inertes de frío, las barrigas encogidas de hambre, las mentes volando al hogar. Entonces uno se da cuenta de que puede volver a sentir el fuego ardiendo en su hígado, y las puntas de sus colmillos afilándose por momentos, y el calor de la sangre cubriendo sus mejillas por el reverso, y de repente se acuerda de la última vez que sintió esa rabia, esa impotencia, y da gracias porque sigan existiendo los mismos monstruos que antes, da gracias de que sigan allí para poder ser odiados, para poder tener un blanco, o muchos, al que dirigir toda la rabia acumulada sin saber a quién reclamar.


De repente uno recibe una carta inesperada, de un invitado desconocido, que le abre su corazón con una sinceridad terrorífica, sin esperar nada a cambio. Y de repente, uno recoge el guante lanzado y se muestra al desconocido como pocas veces lo ha hecho, con la libertad de no conocer su rostro, con el calor que proporciona el refugio construido por mil letras puestas en hilera, y da gracias porque aparezcan los invitados desconocidos, inesperados, para sustituir a los que ya tienen los oídos llenos de palabras.


De repente, uno se da cuenta de que el vacío que le acompaña a todos lados colgado de su espalda también es, en cierto modo, un tipo de compañía. Un compañero fiel, este vacío, esta añoranza, ya que uno sabe que jamás le abandonará, ni de noche ni de día. Y de repente, uno se arma de valor y se da la vuelta, y mira al vacío a los ojos, y se da cuenta de que sus aristas, antes ángulos agudos que se hundían en la carne de su espalda, presentan ahora un curioso aspecto redondeado. Y uno no sabe cuando se obró el pequeño milagro, pero da gracias porque sigan sucediendo cuando menos te lo esperas, para cambiar, por poco que se pueda, lo que días atrás parecía inmutable.


Y de repente, uno se da cuenta de que todo lo que le hacía falta para volver era un paraguas azul dentro de una tarde gris.


Canción de la noche: Peacebone, de Animal Collective. Porque ya me estoy pensando un nombre para este vacío que anda conmigo.


Buenas noches.

4 comentarios:

Lui Lu dijo...

Qué hermoso, Ruidoperro. No hago más que escribir la palabra "reconfortante" en tu blog. Soy una pesada.
Me encantaba Peacebone.

Elisa dijo...

Ja sé què em passa quan sóc a ruidoperro, tinc la sensació de ser un personatge de Northern Exposure (Dr. en Alaska) i estar escoltant "Chris por la mañana", sent tu en Chris, en John Corbett llegint amb la teva música de fons...

ruidoperro dijo...

Gracias Lui. Y no eres nada pesada, "reconforta" leer tus comentarios aquí. :)

Elisa: Merci, probablement sigui una de les coses més guais que m´han escrit aquí, m´encanta doctor en alaska. Petons.

chafandika dijo...

De repente, dices.

Esto da mucho de sí, yo me voy a centrar en algo concreto. Muchas de las mejores cosas de la vida son fruto de la casualidad, y yo pienso que siempre es mejor así. Cuando tú puedes imaginar, preparar, formar, detallar cualquier idea, cualquier cosa en tu cabeza, después cuando se da la realidad no tiene por qué ser o darse según lo pensado por lo que pierde su rollo, no te parece? lo cojonudo ha de ser casual, por lo perfecto. Es irrepetible, de ahi lo bueno.

Por cierto, me gustó tu gesto del otro día, sonreí, fíjate qué cosas. Si ejjque nunca se sabe, es lo que intentaba explicar ahi arriba.