jueves, 2 de octubre de 2008

17-. Fantasma feliz.

"And if I die today I'll be the happy phantom.

And I'll go chasing the nuns out in the yard.

And I'll run naked through the streets without my mask on.

And I will never need umbrellas in the rain."


Bienvenidos. Mi ruido perro monta guardia en un pequeño y bonito cementerio de pueblo, pronto volverá a casa.


Batman y Gatúbela – o Catwoman para los que estén más familiarizados con la nomenclatura gringa – entran en un bar infestado de gángsters, de los de chaqueta cruzada y sombrero de ala ancha. Las orejitas de cuero y las capas se abren paso entre los trajes y los sombreros hasta que los dos superhéroes encuentran un lugar libre cerca de la barra. En ese momento suena la canción preferida de Gatúbela.

- ¿Bailamos? Pregunta con un ligero ronroneo.

- No. – Contesta Batman. – Tenemos que pasar desapercibidos.


Exactamente ésa es la sensación que nos asaltó a mi hermana y a mí al salir del funeral de mi madre. Lo único que queríamos era desaparecer, pero un enorme cartel de neón verde con la palabra HIJO flotaba encima de nuestras cabezas, y, antes de que pudiéramos dar un paso, ochenta personas nos rodearon, muchas de ellas perfectos desconocidos, buscando una mejilla que besar, unos hombros que estrechar, unos ojos que dieran fe de lo tristes que estaban.


Mi madre murió pocas horas después de que yo escribiera mi última entrada en este blog. Hoy hace exactamente dieciséis días. Y, visto ahora desde la distancia que dan esos millón tres cientos ochenta y dos mil cuatrocientos minutos, lo único que acierto a decir es que fue mejor para todos – también para ella – antes que después.


Hoy he estado solo casi todo el día, he tenido que ir y volver de Madrid a Barcelona en tren para un casting, y todas esas horas sin abrir la boca me han valido para pensar, en lo que llevo pensando estos días y en algunas cosas en las que hasta ahora no había caído.


Cómo estoy. Ya lloré lo que tenía que llorar en el hospital, en el velatorio improvisado que se montó en casa la misma tarde del día en que murió, en su entierro y en los días inmediatamente posteriores. Ahora no lloro, desde hace bastantes días, en realidad, y el dolor, que antes era un cinturón muy grueso anudado permanentemente en mi garganta, se ha ido afilando hasta convertirse en un delgado telón de fondo, que a veces llega a pasar inadvertido, pero que está presente en cada jodida cosa que pasa a mi alrededor. Un telón de fondo que hace que, por ejemplo, cuando recibo una llamada en la que se adivina que me van a publicar en un futuro no muy lejano, el primer impulso, que noto ahora como un vértigo clavado en mi estómago, siga siendo el de llamarla, como hacía antes siempre que recibía una buena noticia.


Y sí, tenía razón en lo que escribí hace exactamente quince días. Enterrar a una madre es como enterrar todo lo que has sido hasta ese momento. Mi vida sigue siendo la misma, pero nada es igual dentro de ella. Y yo, desde luego, tampoco soy el mismo. Desde hace unos días, desde que no lloro, siento que el ancla que me sujetaba ha caído por la borda, y, pese a moverme a la deriva y estar desorientado muchas veces, también siento que puedo volver a gobernar mi vida y a mí mismo, casi todo el miedo se ha ido ya. Vaya por delante que la echaré de menos cada segundo, pero ya nadie me va a llamar para decirme que ha empeorado, que me prepare, que tengo que ser fuerte. Ya no tengo que volver a mentir, a ella y a los demás, sobre su estado, ya no tengo que volver a ese jodido hospital de Girona cuyos escalones espero no volver a subir en los días, pocos o muchos, que me queden.


Mi padre y mi hermana descansan al otro lado del país. Los tres hemos masticado mucha tierra estos últimos meses, y ahora pareciera que una mano gigante nos ha metido dentro de un paréntesis para que podamos lamernos las heridas. En cuanto a ella, se fue sin saber que se iba, dormida, descansando también por fin, y a los que nos quedamos aquí nos pertenece la responsabilidad de recordarla como la mujer que fue, y no como la mujer que le obligó a ser la enfermedad.


Hoy, mientras volvía a Madrid en tren, para matar el tiempo iba borrando de la agenda de mi teléfono móvil los números que pertenecían a otras épocas, a personas con las que hace años que no hablo. Cuando he llegado al suyo, he respirado hondo y he apretado la tecla de borrar. No voy a recibir ninguna llamada desde ese teléfono, guardarlo sólo me hubiera servido para sentir el vértigo cada vez que lo viera al buscar el número de otra persona. Hace una semana eso me habría hundido, hoy no, hoy he cogido ese telón del que os hablaba antes y me he abrigado con él hasta que se ha ido el frío.


Canción de la noche: Happy Phantom, de Tori Amos. Porque me la imagino como una fantasma feliz y traviesa, que persigue monjas por el camposanto, y sonrío.


Buenas noches.

9 comentarios:

Eclipse dijo...

Te he leído y acompañado en silencio desde hace varios posts. No sé si es lo mejor pero es lo que me ha salido. Me parece demasiado frío mandar palmaditas en la espalda desde un comentario de blog, pero si de alguna forma buscas contarnos esto, creo mereces que se te acompañe, que algo sea devuelto.
No he vivido ese dolor en carne propia, y aunque lo hubiera hecho, no te podría decir un simple "te entiendo".
Las palabras son totalmente vacías en estas situaciones. Así que nada más quiero romper el silencio por un ratito para decirte que me has conmovido muchísimo y que pese a esta forma tan impersonal de comunicarnos, esas cosas que dejas por aquí se sienten a distancia y uno tiene ganas de acompañar, de sentir con el otro.
Nada más.
Me alegro que encuentres algo de paz, que te abrigues con ese telón de fondo y que hayas podido llorar. Aunque no lo veas así, eres afortunado.
Abrazos desde el otro lado del océano.

Niñapajaro dijo...

animo. que lindo es contar con tus ruidos , me emocionan condensan vida destilan alma. un gran abrazo volador. cuidate mucho mucho mucho. sinceramente
niñapajaro

anna dijo...

preciós i tot tan cert! tenia moltes ganes de tornar-te a llegir, sembla que hagin passat molt més de 15 dies des de l'última vegada.
petons des de l'altre costat del país .

Chafandika dijo...

Lo siento por dentro.
Yo sí desaparecí del tanatorio, y no me arrepiento. Creo que puedo llegar a entender todos esos aires que le llegan a un@ y que tú has escrito tan acertadamente. Tú mismo vas a ir viendo que el estómago va a ir aflojando, porque esa segunda mujer de la que hablaste sabes que no es Ella, y del estómago se irá despacito para arriba. Haces bien en sonreir, yo creo que esa es la forma de quedarla cerca, yo así lo hago porque así pienso.
Nunca se sabe bien qué decir en estos putos casos. Dentro de nada te leeré una borrachera guapa a ver qué tal.

Lui Lu dijo...

No sé qué ha pasado con mi comentario, creo que se ha borrado, no había terminado de escribir y le he dado a no sé qué.

En cualquier caso te decía que necesitaría un blog entero para responderte, porque he borrado ya varias frases y varios comienzos de párrafos y varios intentos de concretar lo que no se puede...

El lunes fue el aniversario de la muerte de mi padre, que se marchó de una forma muy parecida.

Sabes? nunca se va del todo, y eso, aunque me pone triste en ocasiones, también me ayuda, supongo, a intentar hacer las cosas mejor, vivir mejor, vivir más, ser más feliz. Dejar pianos, dioses y ciudades, todo lo que no me llena, y coger autobuses, descubrir de dónde vengo, abrir sobres de matrícula, seguir cerrando bares o releyendo sus libros. Desde que se fue voy un poco como con prisa, a veces con un ansia insana, pero normalmente es conciencia permanente de estar viva. Todavía hoy, después de tantos años, sigo enriqueciendo lo que se quedó conmigo, tratando de aumentar la suma de conclusiones.

Un abrazo enorme. No dejes de avisarnos cuando te publiquen.

Jose Marzo dijo...

Sólo puedo decir que lo siento. Y que si hay que vivir con ello, que eso no te lastre sino que te de alas.
Yo también llevo tiempo preparado a causa de los míos, que son mayores, pero cuando llegue el momento no se como reaccionaré.
Permíteme un abrazo

Emma dijo...

Sweet Ruido Perro.

yo misma dijo...

Pues yo soy patética dando ánimos, más que nada porque no sé muy bien cómo actuar cuando los recibo. Supongo que me da una especie de vergüenza ajena tremenda el abrazar a alguien que llora porque (desgraciadamente) en el Clan Montoya no hemos crecido con semejante estampa Heidiana (esta palabra me la acabo de inventar, sí).

Yo tenía una amiga que murió con 25 años porque se ve que sus pulmones eran unos vagos de mierda.
Estuvo VIVIENDO en el Hospital de San Pablo (no sé de dónde eres pero esto está en Barna) durante casi dos a la espera de que alguien tuviera un accidente y le prestara a tiempo completo los pulmones a ella.

¿Sabes? es jodido desear la muerte a laguien para que alguien pueda continuar la partida esta de la vida.
Es todo tan extraño...

Un chavalito se mató en un accidente de coche y esos fueron sus pulmones.
Murió a los dos meses.
Se ve que los pulmones del crío no eran compatibles con los de ella.

Yo tardé más de dos años en darle a la tecla esa que pone Borrar contacto.


Un abrazo de esos sin decir ni pío.


MO.

Anónimo dijo...

Desconozco el dueño de estas palabras: "la vida es, sencillamente, una enfermedad terminal"; me funcionan cuando veo un alrededor demasiado borroso y no soy capaz de expresar ningún tipo de sentimiento. Por mi parte, sólo decirte: Felicidades por estar aún vivo...