jueves, 4 de septiembre de 2008

15-. O'Higgins


Bienvenidos. Mi ruido perro quiere tres hielos en su copa.


Salimos del hospital, Laura, Litus y yo, rumbo a cualquier lado, porque no tengo cuerpo para encerrarme en casa. Litus – con quien más veces intenté ser inmortal y protagonista de la foto que abre estas letras - ha aparecido en el hospital casi por sorpresa. A mí madre le hemos contado que venía de comprarse una guitarra, la mentira se ha transformado en verdad por incomparecencia del rival, y, a ratos, hasta nos hemos reído.


Terminamos comiéndonos una pizza en Amarcord. Ningún restaurante con nombre felliniano puede servir mala comida. Después aterrizamos en el O’Higgins. Gintonic, pinta de guiness, y las nubes no desaparecen, pero empiezan a hacer muecas encima de nuestras cabezas para provocarnos la risa. Laura se ha pasado al vodka y, antes de salir, la imitamos. El licor quema en nuestras gargantas como la noche de Chernóbil, y el camarero nos enseña al mismo tiempo su sonrisa desdentada y una botella cuya etiqueta está en cirílico. Lo único que desciframos es que el ochenta por ciento del volumen de ese vodka es alcohol, y eso equivale a un licor de ciento sesenta grados. Brindamos con él. Sláinte, my boy.


- Where did you get that? Le pregunto cuando consigo volver a respirar.

- I can´t remember – contesta guiñándome un ojo.


Un cuarto de hora después estamos bañándonos desnudos en la playa, borrachos como nunca y como siempre al mismo tiempo. El conjuro, al que tantas veces he echado de menos estos meses, parece tener hoy el vigor suficiente para engullirnos, para arrancar nuestros pies del peso de hormigón. El mar es un gran charco de tinta china, y no nos limpia las penas, pero las sepulta tras una capa densa e impermeable, y si no las puedes ver es que, al menos ahora, no están aquí.


Desde ese mar negrísimo y caliente le gritamos a O’Higgins que nos baje más vodka, que ésta es la noche en que olvidaremos nuestros nombres, y con ellos los grilletes que muerden la carne de nuestros tobillos, pero el irlandés taimado se hace el sordo, y tras gritar hasta casi perder la voz, no tenemos más remedio que salir del agua e ir perdiendo el mullido telón que convierte mentiras en verdades durante el tiempo que puedas pagar.


Ya en la arena, la poca gente que pasea a esas horas nos mira y cree que estamos locos, lo cuál está bien, porque nosotros creemos que los locos son ellos, y el empate casi siempre contenta a todo el mundo. Litus y yo miramos de reojo a ver quién la tiene más larga, es algo que hacemos cada vez que nos encontramos desnudos, y unas veces gano yo y otras él. Laura ríe y recita versos en un idioma que sólo ella conoce.


Al llegar a casa, la cama vacía de mis padres es un puñetazo en la boca del estómago.


Canción de la noche: Las Vegas dealer, de Gomez. Porque lo que necesito es un camello, de Las Vegas o de dónde sea, y tirarme dos días borracho aullándole a la Luna.


...

8 comentarios:

Ruido de Rabia dijo...

Buff, qué mierda...

Pi dijo...

Me gusta esta manera tuya de escribir que va cogiendo impulso, como algunas canciones, y ya al final de la historia, baja de intensidad, poco a poco, y termina casi casi en una nota. La que te pone a pensar, o te deja ciertamente triste.

Anónimo dijo...

Dale un poco de voZka a la luna que debe de estar hasta los cojones ya de la gente se limite a aullarle sin más.


MO.

ruidoperro dijo...

Ruido de rabia:
Te entiendo, mira a ver en www.rellénameelrecto.com, a ver si allí te dan lo que andas buscando.

Pi:
Gracias. Yo lo veo también como una borrachera, empieza lento, hay un pico de euforia y velocidad y luego la bajada termina casi en vigilia.

Mo:
El vodka para el que lo necesita, je, y no te creas que hay tanta gente aullando por ahí. Mejor nos iría. Por cierto, te tengo linkeada pq me mola lo que escribes, pero me acabo de dar cuenta de q no quieres enlaces. Te borro?

Niñapajaro dijo...

escuche los ladridos, sus ecos nos llegaban desde el acantilado donde a Prometeo le comían todos los días el hígado de los sueños aquel aguila que le recordaba la terrible realidad. vodka para incendiar el dolor. y sin embargo estar vivo.... que paradoja
buena suerte muevo mis alas para mandarte un rayito de mi luz.

Anónimo dijo...

Te lo agradecería.
Gracias y eso.

MO.

P.D.: No te molestes eh! es que soy así de rara, tú no tienes la culpa. Ni yo.
La tienen mis padres que me hicieron así.

Emma dijo...

No sabia nada de ese tal Gomez y la cancion esta genial para acurrucarse en una esquina con un gin tonic y fumar concentradamente a ver si asi se te ocurre algo que decir.
Gracias, ruido.

Anónimo dijo...

dema estereotipoz

seria para la puntada de una serie televisiva.
el bohemismo