lunes, 15 de septiembre de 2008

16-. Dentro de poco.


Bienvenidos. Mi ruido perro aúlla bajito tras la puerta.


Dentro de poco seré un hijo sin madre. Me lo dijo hace unas semanas un médico con la cara de buena persona más rotunda que he visto en mi vida. Luego me dio un apretón de manos en el que cabían mil abrazos, y la coraza de hormigón que tantos meses he tardado en construir alrededor de mis nervios casi estalla en pedazos.


Me prometí a mí mismo no volver a escribir sobre este tema, pero nunca he sido bueno en las promesas. No quería permitir que volvierais a saber qué ocurre, pero esta noche las palabras se expanden aquí dentro como una seta atómica, y si no vomito corro el riesgo de explotar de dolor.


Me prometí a mi mismo no volver a hablar de mi madre aquí igual que no lo hago en otros sitios, porque me la sudan las palmadas en la espalda y la compasión. Esta noche mi guardia está baja, y por eso lo necesito, pero aún con la guardia en mis tobillos os advierto que me la sudan los comentarios bienintencionados que amanecerán mañana detrás de estos garabatos. No quiero leeros, quiero hablar yo.


Supongo que enterrar a una madre es como enterrar todo aquello que has sido hasta ese momento. No lo sé, me lo imagino. Dentro de poco podré afirmarlo o negarlo sin posibilidad de equivocarme. O podré no hacer nada como he hecho estos días que ya se confunden en uno interminable. Si dentro de poco el vacío más absoluto se extiende delante de mis pies sabré que estaba en lo cierto, y ya sé ahora que tener razón, por una miserable vez, me va a dar igual.


En esta semana cuyos días han pasado al otro lado de la ventana de su habitación de hospital, y cuyas noches, trago tras trago, he conseguido que me resbalaran garganta abajo hasta casi olvidar el camino a casa, he tenido tiempo de ordenar mis recuerdos, desechar aquellos que permanecían enquistados en la cámara de los horrores y sacar brillo a los que hoy me miran benevolentes desde su reluciente marco de pan de oro. He tenido tiempo de decirle todo aquello que quería decirle y de pensar muy fuerte todo aquello que no he querido verbalizar, y cada atardecer, antes de marcharme, un beso en la frente y un t´estimo, marona.


En esta semana de tanta soledad y, al mismo tiempo, tanta compañía, no me han faltado hombros amigos, ni lágrimas con que empaparlos, pero tampoco me han faltado bromas, ni risas, ni dientes con las que saludarlas. He estado solo cuando quería estarlo, y con un vaso en la mano y rodeado de gente cuando no. Los que no están cerca han encontrado el modo de que lo pareciera, y por eso, en medio de todo este mal también estoy agradecido. Maruja Torres dice que la vida es un pedazo de mierda con incrustaciones de diamante, y no puedo estar más de acuerdo. Por suerte, en estos siete días he vuelto a descubrir que, entre toda la mierda, atesoro unas cuantas piedras preciosas.


Mi hermana, uno de estos diamantes, el otro día me peguntó si creía que uno se puede recuperar de algo así, y yo le contesté que sí con toda la seguridad que fui capaz de encontrar. No fue mucha en ese momento, ahora sí lo es. Todo el mundo tiene que pasar por esto, y a nosotros nos ha tocado ahora. Pero estoy seguro que llegará el momento en que recordaremos esa comida en Madrid hace tres años, con la que celebrábamos sus cincuenta, o sus preguntas inconvenientes, con una sonrisa y una nostalgia cálida y mullida en lugar del dolor que ahora nos ahoga.


Hasta ese momento, un plato menos en la mesa cada día que pasa, y un montón de preguntas sin respuesta, pero también un cañón que dispara millones de recuerdos con los que luchar contra el vacío que asoma tras la puerta.


Canción de la noche: Casta Diva, aria de la ópera Norma, de Bellini. Porque es su favorita.


Buenas noches.

jueves, 4 de septiembre de 2008

15-. O'Higgins


Bienvenidos. Mi ruido perro quiere tres hielos en su copa.


Salimos del hospital, Laura, Litus y yo, rumbo a cualquier lado, porque no tengo cuerpo para encerrarme en casa. Litus – con quien más veces intenté ser inmortal y protagonista de la foto que abre estas letras - ha aparecido en el hospital casi por sorpresa. A mí madre le hemos contado que venía de comprarse una guitarra, la mentira se ha transformado en verdad por incomparecencia del rival, y, a ratos, hasta nos hemos reído.


Terminamos comiéndonos una pizza en Amarcord. Ningún restaurante con nombre felliniano puede servir mala comida. Después aterrizamos en el O’Higgins. Gintonic, pinta de guiness, y las nubes no desaparecen, pero empiezan a hacer muecas encima de nuestras cabezas para provocarnos la risa. Laura se ha pasado al vodka y, antes de salir, la imitamos. El licor quema en nuestras gargantas como la noche de Chernóbil, y el camarero nos enseña al mismo tiempo su sonrisa desdentada y una botella cuya etiqueta está en cirílico. Lo único que desciframos es que el ochenta por ciento del volumen de ese vodka es alcohol, y eso equivale a un licor de ciento sesenta grados. Brindamos con él. Sláinte, my boy.


- Where did you get that? Le pregunto cuando consigo volver a respirar.

- I can´t remember – contesta guiñándome un ojo.


Un cuarto de hora después estamos bañándonos desnudos en la playa, borrachos como nunca y como siempre al mismo tiempo. El conjuro, al que tantas veces he echado de menos estos meses, parece tener hoy el vigor suficiente para engullirnos, para arrancar nuestros pies del peso de hormigón. El mar es un gran charco de tinta china, y no nos limpia las penas, pero las sepulta tras una capa densa e impermeable, y si no las puedes ver es que, al menos ahora, no están aquí.


Desde ese mar negrísimo y caliente le gritamos a O’Higgins que nos baje más vodka, que ésta es la noche en que olvidaremos nuestros nombres, y con ellos los grilletes que muerden la carne de nuestros tobillos, pero el irlandés taimado se hace el sordo, y tras gritar hasta casi perder la voz, no tenemos más remedio que salir del agua e ir perdiendo el mullido telón que convierte mentiras en verdades durante el tiempo que puedas pagar.


Ya en la arena, la poca gente que pasea a esas horas nos mira y cree que estamos locos, lo cuál está bien, porque nosotros creemos que los locos son ellos, y el empate casi siempre contenta a todo el mundo. Litus y yo miramos de reojo a ver quién la tiene más larga, es algo que hacemos cada vez que nos encontramos desnudos, y unas veces gano yo y otras él. Laura ríe y recita versos en un idioma que sólo ella conoce.


Al llegar a casa, la cama vacía de mis padres es un puñetazo en la boca del estómago.


Canción de la noche: Las Vegas dealer, de Gomez. Porque lo que necesito es un camello, de Las Vegas o de dónde sea, y tirarme dos días borracho aullándole a la Luna.


...

lunes, 1 de septiembre de 2008

14-. Miedo a la muerte estilo imperio

Bienvenidos. Mi ruido perro ha salido un momento, si queréis, sentaros donde podáis y esperadle.

Miedo a la muerte estilo imperio, depresiones Vidermeier, mal rollo, Luis XV. Si no escucháis a Astrud, deberíais. Estoy tan asqueado, tan extraño aquí adentro, y tengo tan pocas ganas de hablar de lo que ocurre a mi alrededor que, siendo hasta ahora lo único que sale a la superficie cuando me siento frente a la pantalla - y van cinco intentonas - , he decidido no hacerlo.

Esta mañana he recibido un Spam cuyo asunto rezaba el siguiente lema: REDBULL PARA TU SEXO MEJOR. El email empezaba de la siguiente forma: "Sexo es más satisfactorio que nunca. El estrés y la tensión han desaparecido. Ella ya no se amarga, ya no me temo que tendré que denegar su petición. Es una sensación física estupenda después de que sigue el sentimiento profundo."
Me lo mandaba un/una tal Holly Beltrán, al/la que he felicitado telepáticamente, ya que el sexo que practica es más satisfactorio que nunca. Después he dedicado unos minutos a decidir cuál de mis cincuenta y dos sexos era el mejor, y, por tanto, el ganador de la lata de redbull, y el escogido no ha sido otro que el que me cuelga desde el deltoides derecho hasta el codo del mismo lado. Finalmente, y mientras terminaba de desayunar, he intentado averiguar cuál es el sentimiento profundo que sigue después de la sensación estupenda. Sueño.

Por razones que no vienen al caso, he conocido un tipo, aquí en la blogosfera, que regala a todo aquél que comente en su blog una chapita con la palabra OPTIMISMO escrita sobre un fondo plateado. ¿Soy el único al que le parece una maniobra bastante cutre para conseguir comentarios? Y además, y como también dirían los Astrud, ¿a qué coño viene tanta alegría fuera de contexto?
Por cierto, Diana, no tengo ni puta idea de si me lees o no, pero gustaría decirte que me siento bastante estúpido por mi primer comentario, y que cuando lo escribí estaba borracho, pero es una excusa tan típica, tan de película mala, que no tuve cojones de escribirlo en mi segundo comentario, que era lo que te quería decir realmente.

Otra de sexo, hay una página llamada youporn, supongo que casi todos vosotros y algunas de vosotras ya la conocéis. Pues bien, youporn me ha proporcionado una de mis últimas aficiones. Las tomas falsas de películas porno. Escribid Blooper (el equivalente sajón a "toma falsa") y ya me diréis, a veces es incluso mejor que masturbarte.

Ayer me acerqué a la Barra del Kingat con mi cara de un-día-mis-novelas-se-venderán-en-la-fnac y, juro que sin querer, cuando la camarera se inclinó para escucharme, le pedí un Bombay de gintonic. La chica se rió con ganas, tanto que después de eso no me costó nada entablar conversación con ella. Propongo al que le apetezca que use dicha táctica como maniobra de tanteo la próxima vez que salga y nos cuente los resultados. ¿Un disléxico novelista? Nunca hay que subestimar el poder potencial de los fracasados.

Por cierto, y siguiendo con mi dislexia, a lo largo de esta vida que vivo he parido frases tan vergonzantes (¿existirá esa palabra?) como: ¿Está furgonible la disponeta?, voy a carlar a llamos, o: vengo de crusar los compranes para el desayuno. Y no, no me siento orgulloso de ello por mucho que mis amigos se partan de risa.

Cada vez que me quedo dormido en el sofá del comedor, una de las tres perras que viven aquí, una bulldog francesa de un año llamada Molsa, me despierta intentando follarse a mi brazo. Estoy empezando a pensar que no tener pelo en el pecho me perjudica, con lo contento que yo estaba de ese fenómeno. Podrá parecer divertido, pero, con dos garras clavadas en el bíceps, unos extraños golpes de pelvis peluda en la muñeca y los ronquidos de un perro más chato que un boxeador retumbando dentro de vuestra cabeza, os reto a que no os despertéis del susto. Eso sí, a la que abro un ojo, la perrita añade cariñosos lametones en mi oreja, a ver si con mimitos soy más receptivo.

Sí, ya lo sé, pero era esto o seguir arrastrándome por las esquinas, y ya tengo arañazos en las rodillas.

Canción de la noche: Hell is arround the corner, de Tricky. Porque, aunque lo parezca, no me olvido.

Raras noches.