martes, 15 de julio de 2008

7-. inmortales.


Bienvenidos. Dejad que mi ruido perro juegue hasta agotarse, como si volviera a ser cachorro.

El de las gafas redondas de cristales rojos a juego con su sudadera es Xavi, probablemente el más extraño y maniático de mis amigos, pero, de largo, el que más talento tiene de todos nosotros. La foto es suya, suyo es el brazo que sujeta la cámara, aunque no lo veáis. Debajo de sus gafas de John Lennon psicotrópico estoy yo, y el diámetro de las pupilas que miran fijamente al otro lado del objetivo, enmarcadas en unas profundas ojeras, no son gratuitas. A mi lado está Litus. Con él he compartido cosas que no están al alcance de la mayoría de los hombres. Y al lado de Litus está Lluis. Es curioso, le conozco desde hace muchos años, pero ha tardado lo suyo en trascender el apelativo de conocido para convertirse en un amigo, y me imagino que la sensación es recíproca. La vida se emperró en llevarnos por caminos distintos para después soltarnos en el mismo patio a ver qué pasaba. Con los otros dos he reído y llorado tanto que a veces parecemos un matrimonio de tres.

La foto es injusta, todas lo son. Faltan muchos rostros que también tuvieron su parte en lo que quiero contar, Montse, Àlex, Diana, Vice, Pat... faltan tantas cosas...

Llevo varios días intentando descubrir cuando demonios nos hicimos esa foto, pero no he sido capaz. Muchos recuerdos de esa época se funden unos con otros, el nivel de consciencia nunca fue muy alto, y las imágenes entre mis orejas se modifican con el paso del tiempo sin que yo lo pueda evitar. Tampoco recuerdo como llegó a mí, aunque sospecho que me la mandó Xavi en uno de sus mails repletos de recomendaciones musicales.

Pero hay una cosa de la que estoy completamente seguro: la foto fue tomada poco antes de que dejáramos de ser inmortales.

Hubo una época en nuestras vidas en la que todo era ligero. No teníamos ninguna cuenta que saldar, y las calles de Barcelona se extendían bajo nuestro pies como un recreo interminable. Las horas se estiraban y se contraían a nuestro antojo, con un chasquido de nuestros dedos se hacía de noche, y con otro, el sol volvía a salir. Nos bastaban un mechero y una goma elástica para hacer música, las mismas cuatro paredes de siempre eran un mundo distinto cuando volvíamos a mirarlas, nos enámorabamos a cada minuto y dormíamos en cualquier lado. Nuestra sangre era pura química, lo teníamos todo por hacer, y nos comportábamos como si estuvieramos de vuelta de todo. Éramos los Beatles tocando en Hamburgo ciegos de anfetaminas, éramos Tzara y compañía conspirando en el Cabaret Voltaire, éramos los apóstoles de la última cena de Da Vinci, los que se sublevaron en la cubierta del Potemkin, la bomba surcando el cielo de Hiroshima, muertos de risa ante los ojos aterrorizados de cien mil japoneses. Estábamos a punto de ocurrir, y cuando ocurriéramos, el mundo no nos olvidaría en cien siglos, viviríamos para siempre.

El cambio ocurrió sin que nos diéramos cuenta, a paso lento y seguro, con la precisión de los engranajes de un reloj, y, cuando la vida, que hasta entonces nos había consentido como sólo puede hacerlo una mucama que nunca tuvo hijos, nos enseñó su sonrisa mellada, descubrimos, cada uno por su cuenta, que los Beatles se odiaron la mitad de su vida, que Tristán Tzara en realidad se llamaba Samuel Rosenstock, que entre los apóstoles había un traidor, que los sublevados del Potemkin murieron al pisar tierra firme, que la bomba era el infierno.

Ahora, años después. Cuando conseguimos reunirnos, el conjuro parece funcionar de nuevo, ninguno de nosotros lo olvidó jamás, todos hemos mantenido encendida la llama del mitote para honrar la memoria de los seres celestiales que fuimos una vez, pero sus efectos son cada vez más débiles, y aun cuando nos envuelve el halo mágico que aparece cuando cada pieza parece estar en su sitio, por debajo se extiende el abismo que se presentó sin invitación, y que no tiene pensado irse si no es agarrado de nuestras manos.

Hace unos días me preguntaron por la foto de la cabecera de mi blog. Que por qué esa y no otra. Por todo lo contado arriba. Por que cuando la miro recuerdo que una vez fui inmortal, que una vez no me importó que todo a mi alrededor estuviera borroso. Y por un millón de cosas que sólo nosotros sabemos.

Canción de la noche: Relaxin' with Cherry, de Kid Loco. Porque muchas de esas noches y también muchas de esas mañanas empezaron con este tema.

Bona nit, allà on sigueu.

14 comentarios:

Nayra dijo...

Me ha ENCANTADO. Supongo que a esto se le llama sentirse identificado. Yo escribí una vez algo muy parecido que se podría llamar "Cuando fuimos grandes". Hace unas semanas pensaba en rescatarlo para el blog. Todos los que en algún momento de nuestra vida decidimos apurarla, entendemos lo que dices, aunque nuestros pies no pisaran asfalto en Barcelona sino playa en alguna isla, eso es lo de menos. Cuando éramos inmortales, éramos grandes. Ahora sabemos que mañana nos vamos a morir y, al menos yo, sé también que soy jodidamente pequeña.

Lui Lu dijo...

Llevo un rato pensando en cuándo fui grande y no me acuerdo.

Creo que me ha faltado un poco de inconsciencia en esa época que se supone hecha para que en la vida de cada uno "todo esté borroso". Y no importe. No podrías haberla descrito mejor.

Como la viví demasiado consciente, ahora a veces permito que se me nuble en un bar, rodeada de amigos como los tuyos. Aunque no dure lo mismo. Y es que en el fondo ya no hay manera de no saber que soy de ese tamaño que sólo puede ir precedido de un jodidamente, como bien define Nayra.

Bravo

ruidoperro dijo...

Gracias Nay. Da ganas de leer eso que escribiste, a ver si lo cuelgas.

Lui, yo a veces desearía haber sido un poco menos inconsciente, no sé que es peor. Lo que sí sé es que todos necesitamos unas micro vacaciones nubladas, y en los bares son fáciles de encontrar. Tienes razón, el adverbio ha sido usado con mucha clase.

Besos a las dos.

Eclipse dijo...

SNIF... que me vas a hacer llorar.
el invierno nos está dando tregua pero aún así envidio tus latitudes en este momento.
Los cambios nunca se perciben mientras están sucediendo, pero tienen la manía de presentarse como bruscos luego de que está todo el pescado vendido.
Gracias por rescatar esa frase en mi blog... es hermosa pero nada más refleja la tristeza de artista al no encontrar mi lugar en las letras de esta ciudad.
Fuerte abrazo desde el sur.

Paula S.J. dijo...

Es curioso... me recuerdas mucho a alguien...

supercrisis dijo...

querido j. ya sabes, o por lo menos te puedes imaginar, que yo no soy mucho de escribir comentarios en blogs ajenos sobre todo por que nunca tengo ni idea de que decir. No tengo internet ni demasiado tiempo para escribir en el mío como para leer los de los demás. Sirva esto para agracecerte el cariño que me muestras al leerme. Te leeré, te leo y admiro todas y cada una de tus líneas... maldito.

Y sí... yo también me sentí inmortal por las calles de Barcelona, hace tiempo, demasiado creo.

Un rotundo y empalagoso abrazo.

Jose Marzo dijo...

Esas son las cosas de vivir en Barcelona. Aquí en Sevilla las 'posibilidades' siempre fueron menores, aunque también había para quien quería. Sin embargo, mis amigos de entonces hoy son hombres casados y tirando a gordos, con los que además no guardo ningún contacto -lógico-. Algunos días parece que sigo anclado en aquellos años. Ahora, mi 'última cena' sería muy tranquilita, porque comería solo.

ruidoperro dijo...

Hola Eclipse, bienvenida, por fin un comentario tuyo en este blog. Sí, la vida avanza más rápido de lo que nosotros somos capaces de percibir, qué le vamos a hacer, tenemos la intuición atrofiada. Te cambio mi latitud por la tuya ahora mismo, odio el verano si no estoy cerca del mar.

Paula, esa frase es la que más veces me han dicho después de "¿y si tus amigos se tiran a un pozo tú también, lo harás?" y "el tuyo es un problema de actitud". Je. Siempre me parezco al amigo de alguien, supongo que tengo una cara común. Bienvenida también.

Señor Supercrisis, déjeme decirle que hallar su comentario más arriba me ha embriagado hasta el punto de casi caerme del taburete, y que el sentimiento de admiración es recíproco. A ver si paso por Delic y nos sentimos inmortales juntos aunque sea unos segundos.

Jose, en mi caso también hay muchas caras de esos años que ya he olvidado, y que me han olvidado a mí. Sólo espero que no me olviden los que todavía están, que son los que me importan.

besos a todos.

Eclipse dijo...

Hecho... acá las playas son hermosas, podríamos recorrer todo Rocha, hundiendo bien los pies en la arena para que no nos lleve el viento o nos arrastren las olas de Punta del Diablo.

María Soledad dijo...

Vaya, vaya, qué ganas de ser una inconsciente que me dan a veces.
"no entiendo un carajo de lo que me rodea, y es extrañamente divertido." Yo también me divierto a veces... cuando pongo un disco y cierro las ventanas para que no entre el ruido de ciudad. Esa ciudad que, a veces, camina al lado de uno, y ni siquiera se detiene para ver si parpadeamos.
Disculpame, estoy sin dormir. El exceso de tabaco y mate me hace delirar, supongo, o quizas la pila de apuntes que leí y releí.

La amistad es inmortal. Te lo aseguro. Al menos en el alma.

Pi dijo...

Hacerse mayor. Duele, sobre todo por lo que se queda en el camino y no evoluciona con uno.
1. Me encanta la cabecera, el nombre, el subtítulo y tu manera de comenzar cada post.
2. POr supuesto que lo que dices también me gusta.
3. Guay el barrio por el que paseas a tus perros, me suena, yo también viví por allí.
4. TE debía un saludo y un agradecimiento por zambullirte en la Tonta Piscina. Hay mecanismos blogueriles que su autor todavía no pilla, o es demasiado pequeño para hacer, como leer blogs de adultos.

gracias! un abrazo!
La mamá del piscinero.

Eclipse dijo...

Pfff... que esto ha sido terriblemente inspirador y te he robado el tema para mi blog. (espero no te moleste) pero qué diablos!! si esto me sigue dando vueltas en la cabeza...
perdón el atrevimiento.

Pato dijo...

Espero no sentirme nunca inmortal, pues no quiero que esto dure para siempre. Ni la felicidad más absoluta la querría yo para siempre.

ruidoperro dijo...

Eclipse, queda pendiente ese paseo, y estoy encantado con el robo, ahora mismo entro en tu blog a leerte.

María S., bienvenida, nada que disculpar, los delirios por falta de sueño son mis preferidos. Ánimo con esos apuntes.

Pi, muchas gracias. La tonta piscina me tiene cautivado. Ojalá hubiera compartido un blog con mi madre, Nico tiene mucha suerte, cuando crezca será un recuerdo muy valioso. A parte de eso, tengo que decir que me parto de risa con sus ocurrencias y tus transcripciones.

Pato, bienvenido también. Estoy de acuerdo contigo, pero yo me refería más a la sensación de que nada puede hacerte daño, ni siquiera tú mismo o tus excesos.

saludos perros a tod@s.