sábado, 28 de junio de 2008

2-. Buen Día

Bienvenidos. Lanzádle un hueso de caño a mi ruido perro.

Hoy me he tirado solo casi todo el día, pero a diferencia de otras veces no ha supuesto ningún problema. He hecho casi todas las cosas pequeñas que me gusta hacer cuando estoy solo. Leer sentado en un banco, andar con los auriculares en las orejas, intercambiar miradas con las chicas que me voy encontrando.

He estado en Madrid nueve horas, lo justo para que la morriña de la playa de mi infancia - desde donde estoy escribiendo ahora - molestara sin llegar a doler.

Hoy he visto bastantes cosas bonitas y casi no he hablado con nadie, y esa configuración suele resultar en un buen día. He visto una niña pequeña en el metro que sujetaba un clavel roto en la mano. He visto a dos perros turnándose para montarse en la calle Alcalá, y a una vieja partiéndose de risa mientras veía Aída en la televisión, detrás de la barra del bar donde he comido. Le he pedido fuego a una chica que se parecía a Marion Cotillard, he visto el sol rebotando contra las baldosas del aeropuerto, y una cruz enorme pintada con pintura blanca en la ladera de una montaña cuando despegábamos de Barajas. En el viaje de vuelta, ya de noche, he jugado a lo de siempre, a mirar por la ventanilla e imaginar que la tierra era mar, y las luces barcos perdidos, bancos de peces, pequeñas islas.

Hoy he estado solo casi todo el día y he podido escuchar enteros un disco de Devendra Banhart y otro de Beirut sin que nadie me molestara. Un buen día que se me ha escurrido entre las manos como la arena de la playa en la que estoy sentado. Un buen día que me ha envuelto como una manta estupefaciente, dorada y cálida, una neblina de opio que me ha poblado la frente de perlitas de sudor antes de desaparecer dentro de la noche en la que no he tenido más remedio que refugiarme. En días como éste, en que tantas cositas y tan pocas cosas pasan, pedir que suceda algo más es como llamar a la lluvia.

Canción de la noche: Telephone and rubber band de The Penguin Café Orchestra. Porque el día de hoy ha sido como estar encerrado dentro de esta canción sin tener ganas de salir.

Bona nit, germans.

1 comentario:

Son of Azazel dijo...

Amigo Ruido Perro:

Primero, he de agradecerte que hayas visitado mi casa en el Quinto Infierno. Últimamente, no se ve un alma por allí.

Segundo, he de confesarte que te envidio. Eso que tú has vivido, ese día de absoluta y decorosa soledad, soledad en tránsito rendido, es un lujo que añoro, deseo e imploro. Ya que mi suerte, en unos años espero, no me permite disfrutar de uno solo de esos ansiados días, empeño mi demoniaca alma en desearte que el azar te reserve otras jornadas tan necesarias como ésta.

Disfruta, amigo. Y sigue escribiendo.