lunes, 23 de junio de 2008

1-. Un momento


Bienvenidos. Abrigaros con la manta de pelo de mi ruido perro.

Abrí, empecé, creé este blog - no estoy seguro de cuál sería el verbo más adecuado - hace más de un semana, pero me prometí a mí mismo que no iba a escribir nada en él hasta que no tuviera algo que decir. Se acabaron las letras puestas en hilera con el único propósito de formar líneas, se acabaron los tacos que sólo sirven para parecer enrollado, no más hablar de grupos de música o canciones que creo conocer sólo yo, basta de intentar parecer algo que casi nunca soy mientras me meo encima de lo que soy realmente. Y siguiendo esta declaración de principios, la noche en la que empiezo por fin ha llegado, es hoy. Hoy he sido feliz durante un momento, eso es lo que tenía que decir, eso es lo que le quiero contar a la galaxia. Hoy fui feliz durante un momento, y durante ese instante, fui consciente de que era feliz.

Mi vida, y supongo que la de casi cualquier habitante de este planeta, es una línea recta. Monótona, aburrida, a veces desesperante. Normalmente no hay nada que destaque por encima del resto de cosas que suceden a mi alrededor, ni bueno ni malo, ningún detalle que merezca ser recordado más tiempo del necesario, sólo un montón de días puestos uno detrás de otro como las letras de esto que escribo, formando una línea recta larga y sin sabor. Pero a veces, como hoy, hay un pico en la línea, que queda grabado en ella, y cuando rebobinas, con la cabeza descansando encima de la almohada, lo ves una y otra vez, y sonríes, todas las veces. No tiene que ser necesariamente una de esas cosas que la gente suele considerar importantes, - una quiniela de catorce, la llamada de un director de casting ofreciéndote un papel, el nacimiento de un hijo o un hermano - es más, los picos suelen ser provocados por paridas, estupideces que en la vida de otra persona perderían todo su sentido, pero que en la tuya la hacen mucho más llevadera.

Éstabamos en el coche, Laura, Litus y yo, haciendo cola para intentar salir del parking. Antes, nos habíamos bañado en el mar de cuando era niño - ése que sólo está en la Fosca, la playa de mi infancia, a la que vuelvo cada verano -, nos habíamos emborrachado un poco viendo el partido de España - por fin pasamos de cuartos -, y habíamos hecho el idiota en la feria, la verdad es que yo bastante más que ellos, aspirando helio de un globo y cantando opera con voz de pitufo. El día ha ido avanzando hasta volverse noche en una dirección propicia, y nos ha dejado suavemente en la cola del parking. Éramos el cuarto coche, y la cola no avanzaba. De repente alguien ha empezado a a pitar, y otro coche se ha añadido al primero, y después otro más. Pero no eran los típicos pitidos largos e irritantes del que tiene prisa y un coche le bloquea la salida, eran pitidos cortos y cada uno emitía una nota distinta, así que pronto ha parecido una especie de canción, sin pies ni cabeza, infantil e idiota. Litus y Laura se han empezado a reír, y yo me he añadido a la fanfarria haciendo sonar la bocina de mi coche al mismo tiempo que dos o tres coches más, y las risas se han vuelto carcajadas. Hemos estado así un minuto o dos, haciendo sonar las bocinas como tontos, intercambiando miradas de coche a coche, y riéndonos. Se reía hasta el tipo de la garita. Cuando por fin se ha levantado la barrera, el primer coche de la fila se ha empezado a mover y la serenata de pitidos ha ido diluyéndose hasta que ha desaparecido. Y en ese momento, mientras metía primera, pisaba levemente el acelerador y me secaba una lágrima con el dorso de la mano que no estaba al volante, me he dado cuenta de que era feliz. Ya ves tú que gilipollez. En ese momento he dejado de sentirme a la deriva. No importaba que mi madre estuviera enferma, que mi padre, pocas horas antes, me haya dado tanta pena, que su empresa esté jodida, que yo no pueda hacer absolutamente nada para ayudarles, que mis perros estén a seiscientos kilómetros de aquí, que Laura y yo hayamos discutido crudo esta mañana, que mi barriga no disminuya ni haciendo deporte ni dejando de comer, que yo no sea tan brillante como siempre he creído, que la mayoría de cosas que quiero que me ocurran no me sucederan jamás, que el cáncer viaje por mi código genético, que todos nos tengamos que morir algún día. Nada de eso y de otro millón de cosas que me preocupan y que no caben en estas líneas importaba, el mundo, la vida, estaba en modo de pausa y sólo existíamos mi mejor amigo, al que veo cinco o seis veces al año, mi novia, mi coche, yo y el eco de la risa que aún retumbaba en nuestras cabezas. Esto era. La felicidad es un átomo que queremos cazar con alfileres.

Canción de la noche: Starlings, de Elbow, sonaba en el coche cuando la serenata de pitidos, y creo que ilustra bien lo que he estado intentando explicar.

Buenas noches.

6 comentarios:

Nayra dijo...

Qué sorpresa encontrarte en la blogsfera. La felicidad son trocitos de colores, momentos puntuales. Cuando entendí eso, dejé de buscar la felicidad para dedicarme a encontrar el equilibrio. Ahora sólo me falta saber si estoy en el camino correcto.
Un beso.

Son of Azazel dijo...

Tío ...

No sé que decirte. Solo, quizá, que, leyéndote, me he emocionado. Que la verdad, -la verdad, como insistiría Baricco- estalla con tus palabras. Y que, creo, eres más brillante de lo que alguna vez deseaste ser.

Todos moriremos. Algunos vivimos. Deja de pintar una línea y ponte, enseguida, a dibujar una vida llena de oscilaciones.

Suerte y un abrazo.

Lui Lu dijo...

No tiene nada que ver con lo que querías transmitir con tu post, pero la escena de la carretera me ha hecho acordarme de Autopista hacia el sur, ¿lo has leído?, uno de los relatos de Cortázar.


Creo que los coches, los atascos y las personas adecuadas todo así, sumado junto, tienen un poder mágico. Casi tan mágico como las coliflores cuando provocan casualidades o los colchones cuando vuelan.

pelao dijo...

gustame leer los blogs entericos, este lo pillo de primeras y se convierte pues en un aliado futuro...
salud.
(y lo de las coliflores causaleras del comentario anterior....increible!)

ruidoperro dijo...

bienvenido pelao, encantado de ser un aliado futuro, vuelve pronto.

Martín dijo...

Partiendo la vida en instantes podríamos aproximarnos al entendimiento.